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15:33h. viernes, 30 de octubre de 2020

El PSOE inicia el trámite de expulsión del alcalde de Arona, de su exedil de Urbanismo y del expresidente del PSOE local

La dirección del Partido Socialista ya ha remitido las notificaciones de expulsión del partido al alcalde de Arona, José Julián Mena, al exconcejal de Urbanismo, Luis García, y al expresidente de la agrupación socialista del municipio aronero, Agustín Marichal. En el caso de los cargos electos, la expulsión viene motivada por su negativa a acatar la orden del partido de entregar sus actas a disposición del partido.

alcalde arona, expulsion psoe
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No consta que Mena haya recogido la notificación que prácticamente agota sus esperanzas de que el partido diera marcha atrás en la decisión de pedirle que dejara el cargo y entregara el acta.

Por su parte, Luis García había comunicado al partido que accedía a entregar su acta de concejal, pero no ha llegado a hacerlo, al parecer, para evitar romper el empate entre las facciones que dividen al gobierno y despejar la posibilidad de que el desempate beneficiara a Mena (si la concejal que entraría en su lugar se aliara con Mena, la facción menista habría quedado integrada por ocho ediles y la anti menista por seis).

Pero tanto esa comunicación como la que afecta a García ya han llegado formalmente a la Secretaría Municipal del Ayuntamiento de Arona vía registro de entrada.

Sin embargo, esas expulsiones aún no son firmes: Mena, García y también Marichal tienen la opción de presentar las alegaciones que consideren oportunas y de interponer recurso ante la Comisión Federal de Ética y Garantías. En ese caso, según las fuentes consultadas, el proceso definitivo de expulsión tardaría varias semanas y como mucho un mes en resolverse. Añaden que el desenlace está claro: las direcciones federal, autonómica y federal del partido quieren a Mena fuera de la Alcaldía.

 

Pactos

Distintas fuentes apuntan a que la facción menista ya ha creado un nuevo partido (Socialistas de Arona) y ha mantenido múltiples reuniones con responsables municipales e insulares de los grupos de la oposición para tratar de conservar la Alcaldía vía pactos de gobierno, al margen de las siglas socialistas.

Pero el PSOE también ha movido ficha para tratar de neutralizar esas posibles alianzas con Mena y para intentar asegurarse posición preferente en el o los pactos que harán falta para formar gobierno en caso de que Mena opte por quedarse con su acta y, por ende, fracturar la mayoría absoluta que aún ostenta en Arona el Partido Socialista. De momento, los grupos de la oposición no se han pronunciado a favor ni en contra de ninguna de las facciones.

 

¿Alcalde tránsfuga?

Además, el alcalde lleva semanas recorriendo los barrios para intentar recabar apoyos ciudadanos. De forma paralela, él y los suyos han intentado mover hilos en el PSOE para revertir la decisión de prescindir del él, pero con poco o ningún éxito.

La complicación extra de Mena en su pulso al partido con el que concurrió a las elecciones es que si se consuma su expulsión definitiva del PSOE y así todo opta por mantenerse en el cargo, pasaría a ser alcalde no adscrito y, en caso de emprender posibles alianzas con otros partidos, se arriesgaría a convertirse en un alcalde tránsfuga, con las consecuencias legales e incluso económicas que ello supondría.

Hoy por hoy, el gobierno socialista de Arona sigue partido en dos: una parte está integrada por el alcalde y los seis ediles que le apoyan, y la otra parte está integrada por otros siete concejales: seis ediles del gobierno, incluida la nominada a suceder a Mena en el cargo, Dácil León, grupo que cuenta con el apoyo desde la oposición del exedil de Urbanismo que Mena cesó el pasado mes de junio.

Una de las incógnitas es cuántos concejales del actual gobierno socialista acompañarían a Mena en caso de que optara por ejercer como alcalde no adscrito, fuera del PSOE.

 

Errores de cálculo y estrategia

Hace apenas tres meses, Mena y sus afines estaban convencidos de que tenían el sartén de la Alcaldía y del gobierno de Arona cogido por el mango y que nada ni nadie podría moverle la silla. Esa convicción le llevó a desoír la petición (primero en tono de súplica y luego de exigencia) de que prescindiera de su controvertido asesor Nicolás Jorge (cargo de confianza que ejerce como coordinador del Gabinete de Alcaldía y que está imputado en varias causas de presunta corrupción) y del asesor externo Felipe Campos. Esa petición fue secundada por la mitad de sus concejales, los mismos que le advirtieron de que si seguía adelante con su plan de cesar a Luis García como edil de Urbanismo, prescindiría también de ellos. 

Cuando las direcciones insular y autonómica del PSOE intentaron mediar en el conflicto para evitar la ruptura del gobierno y la pérdida de su mayoría, justo después del confinamiento, le hicieron a Mena las mismas peticiones: que congelara sus intenciones de cesar a García e intentara reconciliarse con él, y que prescindiera de los asesores que parecían perfilarse como principales causantes de la división que afectaba al gobierno. 

La decisión de Mena de hacer oídos sordos a todas esas peticiones, su errónea creencia de que tenía las de ganar en su pulso por proteger a su asesor y por prescindir de su concejal de Urbanismo y su equivocada convicción de que es legalmente imposible que un alcalde que llega al cargo con mayoría absoluta sea defenestrado, le han llevado en apenas tres meses a la delicada situación política en la que se encuentra.

Como aderezo de esa crisis, además, han jugado en su contra que Luis García pusiera en conocimiento de Fiscalía una posible trama de corrupción y, entre otras cosas, las polémicas declaraciones que ha realizado su mentor y expresidente de los socialistas de Arona, Agustín Marichal, contra ediles socialistas, técnicos municipales y, además, contra los presidentes insulares de La Gomera y Fuerteventura.