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17:48h. domingo, 27 de septiembre de 2020

No es casualidad que al mismo tiempo, en las mismas coordenadas históricas, que en España se desarrollaba el conocido como Siglo de Oro, en Perú se diera ese comienzo esplendoroso de la santidad y del humanismo que, conjuntamente, se estaba realizando en esta tierra hispana.

En España, en esa época gloriosa, tenemos a los maestros espirituales y culturales como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Ignacio de Loyola, Juan de Ávila o Pedro de Alcántara; junto a ellos, literatos y artistas inspirados en esta fe como el genio de Cervantes, con su trascendente Quijote, o un Velázquez. El renacimiento y humanismo en Europa -por ejemplo, con un Santo Tomás Moro-, tiene una de sus expresiones más logradas en el hispano, con este siglo de oro español y dichos genios místicos, culturales, con la escuela de Salamanca y sus maestros del pensamiento como Vitoria, Soto o Suárez  que profundizan en el genio del Aquinate.

Y, con sus límites o carencias junto a sus luces, toda esta renovación espiritual y humanista fluye en la fe y misión que se realiza en América Latina con dominicos, franciscanos u otros religiosos, misioneros...Dando esos frutos espirituales y morales de santidad, solidaridad y justicia en testimonios como Santo Toribio, San Francisco Solano, Juan Macías, Rosa de Lima y Martín de Porres que, con su vida y obra, encarnaron estos valores, principios e idéales del humanismo católico.

Las místicas, utopías (de Moro o Cervantes junto a la escuela de Salamanca) y esperanzas de toda esta cultura humanista, lo más originario y valioso de la modernidad, toman carne en estos testigos de la fe en Perú u otros en Latinoamérica. Tales como Montesinos, Córdoba, Las Casas, Anchieta, el proto-mártir Valdivieso, Vasco de Quiroga y un largo etc.

Dichos santos peruanos y testimonios de la fe e iglesia hispanoamericana, en el seguimiento de Jesús, nos transmiten su profunda espiritualidad. Esa vida habitada por el Espíritu Santo y mística en la comunión con Dios en Cristo, con los otros, con los pobres y la naturaleza, con toda la creación. Cimentados en la tradición bíblica-católica y patrística (con un San Agustín), como es (por ejemplo) la espiritualidad mendicante de San Francisco de Asís o Domingo de Guzmán e ignaciana (San Ignacio de Loyola), nuestros queridos santos peruanos o dichos pensadores y testimonios: son verdaderos adelantados de una real espiritualidad y teología liberadora.

(*) Profesor de Psicología, Antropología, Filosofía y Teología. Facultad Pontificia y Civil. Lima. Misionero Laico.