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08:37h. martes, 29 de septiembre de 2020

La crisis del coronavirus nos va a obligar a transformarnos para afrontar una realidad que creíamos propia de una novela o una película de ciencia ficción. O que pensábamos que era una de esas extrañas historias que solo se viven en países lejanos, como China, a la que hace apenas dos meses mirábamos de reojo con estupor por el extraño confinamiento al que había sometido a millones de personas en Wuham. “¡Eso sería imposible en España!”, nos decíamos a nosotros mismos. Hoy es nuestra vida. 

 

Cuando cerremos la crisis sanitaria, la más dolorosa por el triste fallecimiento de miles de personas, tendremos que enfrentarnos a un escenario muy diferente al que vivíamos hasta que se decretó el estado de alarma. En ese momento, tendremos la oportunidad de analizar en qué hemos fallado y tendremos tiempo para tratar de responder a las preguntas que hoy no tienen respuesta. 

Pero ahora, mientras la inmensa mayoría de los ciudadanos permanecen en sus casas, tenemos una ocasión única para reflexionar sobre las acciones que necesariamente tendremos que acometer cuando retornemos a la normalidad. Uno de esos desafíos tiene que ver con uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad: la educación.

La abrupta cancelación de las clases obligó a los docentes a buscar una salida con la mayor inmediatez en el entorno digital. Unos la encontraron fácilmente porque ya contaban con las herramientas, pero otros no. En este sentido, la ONG “Save the children” ha remitido una carta a la ministra de Educación firmada por 12 organizaciones educativas y 30 expertos en la que plantea una serie de propuestas para hacer frente a una situación inaudita y una realidad que ha aflorado con el estado de alarma: “nuestro sistema educativo no estaba preparado para dar el salto, de la noche a la mañana, a la educación a distancia”. 

Pese al esfuerzo que está realizando el alumnado, el profesorado y las familias existe una realidad incuestionable: “muchas familias no tienen los dispositivos necesarios ni, lo que es más importante, las habilidades y el nivel cultural para acompañar a los niños y niñas en un aprendizaje mucho más autónomo. Así es imposible garantizar la igualdad de oportunidades”. 

El Ministerio de Educación, en colaboración con las Comunidades Autónomas, debe garantizar la equidad y la calidad de nuestro sistema educativo para no dejar a nadie atrás. “Necesitamos una hoja de ruta clara, contundente, preventiva y equitativa”, como explica la ONG en su carta, “para evitar que la crisis del COVID-19 sea también una crisis educativa que haga crecer las brechas de inequidad y merme la confianza pública en nuestro sistema educativo”. 

La Conferencia Sectorial de Educación, integrada por el Ministerio y las Comunidades Autónomas, se reúne mañana miércoles, día 15 de abril, para analizar y debatir conjuntamente cuál ha sido el impacto la crisis de la COVID-19 sobre el sistema educativo y, sobre todo, qué medidas se deben implementar para salvar el presente curso. Espero que sea también una oportunidad para hablar no solo del presente sino para abrir el debate sobre el futuro.

Además de si se modifica o no la evaluación del alumnado para limitar la repetición de curso, existen dos cuestiones que plantea la ONG “Save the children” que creo que son muy importantes: la ampliación del refuerzo educativo en horario escolar y extraescolar para acompañar a quienes más van a sufrir esta situación y dotar a los centros educativos y a los estudiantes de la tecnología y la formación necesarias para tener educación a distancia, para asegurar que el sistema está preparado para enfrentar situaciones similares. Es destacable, en este sentido, la compra de 4.309 tabletas con conexión a Internet por parte del Gobierno de Canarias.  

Nosotros, en Canarias, sabemos lo difícil que es vivir aislados. Y también conocemos las dificultades que entraña la brecha digital en aquellos territorios que aún carecen de la cobertura necesaria para navegar por la red. Aún así, creo que esta crisis, representa una oportunidad para buscar nuevas herramientas tecnológicas que contribuyan a mejorar la calidad educativa en todas islas y a reducir la brecha entre los que más tienen y aquellos niños y niñas que, desgraciadamente, se quedan en el camino por la desestructuración de sus familias o la ausencia de recursos económicos.