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20:39h. lunes, 25 de mayo de 2020

No seré yo, defensora de la libertad de expresión, quién ponga en cuestión que el derecho a la manifestación es uno de los de los derechos fundamentales y de las libertades públicas como recoge en su capítulo segundo de Derechos y Libertades la Constitución.
 

Pero si observamos lo que dice exactamente el artículo 21.2 de la carta magna: “En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes”. Y es evidente que, en este momento de crisis sanitaria, esto es un peligro para las personas.
 
Llevamos semanas de restricciones de movimiento, evitando el contacto entre las personas con un solo objetivo, salvar vidas. Como recoge la propia Constitución en su artículo 43 apartado 1: “Se reconoce el derecho a la protección de la salud”. Y además matiza en el apartado 2: “Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto.”
 
Por todo lo expuesto, opino que no se están violando derechos fundamentales como proclaman algunos. Pero no soy jurista y no quiero entrar en el debate jurídico y de aplicación de las leyes, sino en el de la aplicación del sentido común.
 
Este tipo de protestas en las calles es un peligro más que un derecho. Por ejemplo también existe el derecho a la libertad de culto o al de educación, pero los templos y las escuelas están cerradas. Se siguen cumpliendo estos derechos, pero con restricciones. Se tratan de hacer a distancia y de forma telemática. Por eso, no se entiende porque no trasladan este tipo de protestas a ese mismo ámbito y se sacan de las calles donde es un riesgo sanitario.
 
Todos hemos visto cómo llevan días con actos no permitidos en el barrio de Salamanca en Madrid que se están replicando en el resto de España. Pero esto no es exclusivo de nuestro país, por ejemplo en diferentes ciudades alemanas miles de personas, sobre todo pertenecientes a la extrema derecha, se manifestaron el 16 de mayo contra las restricciones impuestas por la crisis sanitaria.
 
Unas protestas callejeras absolutamente insolidarias con los y las profesionales sanitarios que han trabajado algunas veces al límite de sus fuerzas físicas y emocionales para doblar el brazo a esta pandemia así como con el resto de profesionales que han trabajado desde todos los ámbitos para darnos todas las coberturas necesarias durante el confinamiento.
 
Así lo ponía de manifiesto hace unos días a raíz de estas manifestaciones una médico en un tweet, que explicaba como llevaba dos meses trabajando una media de 12 horas diarias, durante seis días a la semana, sin ver a su familia ni a su pareja y viendo morir gente sola, teniendo que seguir trabajando aunque solo quisiera llorar.
 
Pero también podemos fijarnos en otro ámbito como el de la educación. Miles y miles de profesores y profesoras se han volcado para que su alumnado pudiera seguir a través de plataformas de educación a distancia, con dificultades añadidas como la brecha social y también la brecha digital. Padres y madres volcados en sus casas para que sus hijos no quedaran atrás, a veces sin tener competencias digitales, lo que suma una frustración más a esta situación. Maestros que para hacer sus clases a través de las plataformas digitales, no dudan en subirse a su coche y buscar una zona con cobertura donde poder conectarse, y familias que al no tener dispositivos electrónicos se las han ingeniado para conseguir fotocopias o mediante fotos a través de WhatsApp para poder enviar las tareas.
 
¿Por qué estas personas son tan insolidarias con estos millones de niños y niñas, con sus familias y sus maestros y maestras?
 
¿Por qué Vox convoca manifestaciones que nos ponen en peligro a todos?
 
¿Por qué la presidenta de la Comunidad de Madrid alienta manifestaciones en la calle sin distancia social y se enfrenta permanentemente a las decisiones del Gobierno basadas en criterios médicos y científicos?
 
El propio presidente del Colegio de Médicos de Madrid, el Dr. Miguel Ángel Sánchez Chillón, ha explicado porqué es conveniente esperar para pasar a la fase 1 en la Comunidad de Madrid. Claramente hay razones médicas. Según el propio Dr explica aún Madrid presenta cifras de ingresos en hospitales y en unidades de cuidados intensivos que superan las que había a principios de marzo.

Y además explica cómo los médicos y profesionales sanitarios están muy sensibilizados por las momentos tan duros que han vivido y entienden que no están preparados aún para afrontar nuevos picos de contagio si aparecieran dado que los centros de salud y atención primaria no están abiertos al 100% y las plantillas están mermadas ya que había déficit antes de la crisis sanitaria y ahora también han habido bajas. Es muy concluyente cuando afirma que las condiciones no son las adecuadas.
 
Ante estas razones médicas cuesta mucho entender el enfrentamiento permanente de la presidenta de la Comunidad de Madrid contra el Gobierno de España y aún cuesta más entender que le preocupe tanto pasar de fase para reactivar la economía obviando que no hay economía si no hay salud.
 
La derecha democrática debería actuar con responsabilidad anteponiendo los intereses generales a los intereses partidistas porque todo apunta que están utilizando una pandemia para derrocar a un gobierno legítimo.

 (*) Olivia Delgado Oval es senadora por Tenerife