Buscar
02:34h. Jueves, 24 de octubre de 2019

QUE SE MANDEN A MUDAR

Después de las últimas elecciones, todos los partidos políticos crearon sus respectivas comisiones de negociación para intentar conformar aquellos pactos posibles, en los distintos ámbitos territoriales, que hicieran factible la gobernabilidad en las instituciones. Pasado el tiempo, se ha comprobado la nefasta gestión de algunas y algunos, que han propiciado su pase a la oposición, quedándose sin tocar poder, debido, por un lado, a la falta de experiencia, soberbia ciega y muda o rampante bisoñez de esos negociadores o negociadoras y por otro, los que se pasaron de frenada, yendo de listillos, con experiencia acumulada de embarullar y engañar a todos. Al final, torpemente, han llevado a sus partidos a la suplencia fría y desgastadora.

 

La experiencia lo ratifica una vez más. Canarias, para bien o para mal queda lejos de todo y desde la centralidad continental y peninsular, no se entiende y menos se comprende, nuestra realidad archipielágica, isleña, distante, en medio del Atlántico.

Los partidos de ámbito estatal no dan la suficiente autonomía en nuestra comunidad autónoma para decidir, en nuestra tierra y con sus representantes locales, lo más conveniente para los canarios, todo lo hacen depender de sus intereses nacionales. Así han aparecido de nuevo los paracaidistas, que vienen a ordenar los pactos que se tienen que hacer aquí, con un desconocimiento total de nuestra realidad, sus circunstancias políticas o desafectos personales.

Teodoro García Egea y Javier Maroto, dos perdedores natos del Partido Popular, sin embrago, se atreven a dar lecciones, viniendo a ordenar lo que se tiene que hacer, no porque sea lo mejor para los intereses canarios, sino porque tienen que defender su finca en Madrid. Cogen el avión en Barajas, aterrizan en Los Rodeos, firman las capitulaciones y regresan a la Capital de España dejando aquí heridas abiertas y sangrantes, enfrentamientos solapados en antipatías y recelos y si te he visto no me acuerdo.

En Ciudadanos, tanto de lo mismo, se parece más a una franquicia comercial de una marca nacional que, a un verdadero partido político, parece ser, según cuentan algunos allegados, que hasta para respirar tienen que recibir ordenes de la sede central peninsular. Nada se decide en Canarias, todo se decreta de acuerdo con los intereses naranjas, en y para Cataluña. Quizás lo más bochornoso son los representantes de Coalición Canaria, sentimentales a más no poder, pero prácticos, interesados y raudos a la hora de coger el avión en dirección a Madrid y negociar directamente, con sumisión y súplicas lastimeras, con los dirigentes de los partidos estatales los posibles pactos de gobernabilidad. Ahí no cuenta la dignidad canaria, de la que tanto les gusta presumir, sino mantener el poder, mendigando, de despacho en despacho, un apoyo interesado. 

Es verdad que no todas las personas son iguales, en todos los partidos hay referentes dignos, respetables e insobornables, que engrandecen la política como servicio público. Son capaces de razonar, explicar y mantener posturas edificantes, enfrentándose, si hace falta, a los aparatos de sus propios partidos, formados en su mayoría, por enchufados malevolentes, cautivos de su propia mediocridad.   

Las cuestiones canarias las tenemos que decidir los canarios, que estamos suficientemente capacitados y los primeros que tienen que hacerse valer, con un mínimo de dignidad, son los representantes locales de los partidos de obediencia nacional, porque no se trata de acatar ciegamente lo decretado desde la centralidad, sino de trasladar desde aquí, lo mejor para Canarias y que desconocen los de allí. Para los que mueven los hilos desde sus despachos madrileños y a los personajillos, que vienen con altivez a decirnos lo que tenemos que hacer o como hay que hacer las cosas, los despachamos con una expresión muy canaria: "que se manden a mudar".

Oscar Izquierdo, politólogo