Buscar
13:50h. miércoles, 12 de agosto de 2020

Llevamos décadas, se dice pronto, reivindicando para Tenerife carreteras seguras, eficientes, sostenibles. La respuesta ha sido oídos sordos, mirar para otro sitio, especialmente para la isla de enfrente, donde se han ejecutado con rapidez y solvencia todas aquellas infraestructuras viarias que necesitaban e incluso las que no eran perentorias. 

Allí todo se ha hecho, aquí no se ha movido nada. Todo por encontrar un puñado de votos que siempre se les fueron de las manos, es decir, en los últimos treinta años, los distintos gobiernos de Canarias que han pasado, se han volcado en implementar allí las carreteras suficientes, dejando nuestra isla desangelada, atascada, colapsada. Ha sido desvestir un santo para vestir otro, sumando en un sitio, restando en otro.

Tenerife tiene que ser atendida de acuerdo con su potencialidad territorial, económica y poblacional, nunca se debería olvidar que en Canarias existe la doble capitalidad y parece que ha habido un interés político, en romper ese equilibrio. Ahora saldrán los que se escandalizan, por cierto, con interés y dirán que esto es un mensaje insularista, pero la verdad es que es la pura realidad.

 

La REFLEXIÓN DEL VIERNES de Oscar Izquierdo