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10:28h. viernes, 30 de octubre de 2020

Pasan los días, nos hacemos mayores, tenemos experiencias vividas y en cambio, cuesta acostumbrarnos a la desfachatez de los que quieren hacernos comulgar con ruedas de molinos, es decir, aceptar cosas imposibles o de dudosa credibilidad, sucumbiendo a su engaño permanente. Las crisis exigen poner en marcha proyectos que estaban parados, atrasados u olvidados para salir adelante. Porque son momentos críticos que más que ajustes, precisan decisiones que promuevan la actividad económica. Una vez más nos crecen los enanos en Tenerife, cual quinta columna, para evitar que se ejecuten aquellas obras que puedan significar un salto no sólo cuantitativo, por lo que provocan de fortalecimiento en la economía, sino cualitativo, por su significación en un desarrollo sostenible. 

Cuando la política pasa de servicio público, a puro teatro de la demagogia, la sociedad sale perdiendo, la economía se destroza literalmente y los ciudadanos sufren las consecuencias. Instalada la irresponsabilidad, vale todo, porque diciendo vaciedades se llega al abismo. Es fácil alegrar los oídos de la gente llevando mensajes primarios, inalcanzables e irrealizables.

Estamos acostumbrados a que desde el más puro populismo se hagan promesas que suenan muy bien, pero que no se pueden implantar. Decir que toda la financiación se tiene que dedicar a temas sociales, quitándolo del capítulo de las inversiones, es cuando menos, por no decir otra cosa, una falta de seriedad de políticos que se ponen morados diciendo falsedades. Los presupuestos públicos son finalistas y tienen que dedicarse a lo que previamente se ha planificado, no a lo que el buenismo indica. 

Pero el ejemplo más sangrante, del melodrama en que se ha convertido la política canaria, es la vuelta a la actualidad de la ejecución de las obras necesarias para poner en funcionamiento los trenes en las dos islas mayores. Parece que la Unión Europea propone la financiación finalista de proyectos como los mencionados que, si no vienen para nuestra tierra, serán destinados a otros territorios europeos, que si están interesados en potenciar su red ferroviaria. Las distintas administraciones, tanto estatal, regional e insulares, pretenden acogerse a estas líneas de actuación.  Todo puede ser normal hasta que aparecen los morados, siempre atentos a frenar cualquier avance en nuestra isla,  diciendo con el mayor desparpajo que “NO al tren contaminante de Tenerife; SÍ al tren eólico y sostenible de Gran Canaria”, según tan sesudo razonamiento, la diferencia viene dada porque  “el acuerdo de gobernabilidad en Gran Canaria, incluye un tendido ferroviario impulsado por energía eólica, eficiente, sostenible, bajo en emisiones de carbono y adaptado a las exigencias del cambio climático” y en cambio “el acuerdo de investidura en el Cabildo de Tenerife se expresaba claramente la no puesta en marcha en este momento del proyecto del tren del sur y del tren del norte tal y como lo habían diseñado e impulsado los anteriores gobiernos de Coalición Canaria”.

Es decir, según los dirigentes podemitas, lo que valida o no la puesta en marcha de los trenes en cada isla, son los acuerdos de gobernabilidad de su partido, no las necesidades o planificaciones establecidas para una movilidad sostenible. Lo que significa que el partido político Podemos se cree que está por encima del bien o el mal, siendo el centro de sus propias contradicciones.  

El que lo quiera entender que lo entienda, porque es muy fácil, aquí no se tiene que hacer nada y allí todo, como siempre ha sido y como quieren que se mantenga, para beneficiarse de ese desequilibrio interinsular. Lo más sorprendente es que ante este nuevo atropello, resplandece tristemente el silencio sonoro en Tenerife.   

 

Oscar Izquierdo

Presidente de FEPECO