Buscar
20:40h. miércoles, 28 de octubre de 2020

Bromeaba con mis amigos y conocidos cuando les decía que yo vivía en un crisol de culturas, y ciertamente vivía y sentía que era maravillosa la convivencia, con sus más y sus menos, pero muy gratificante y enriquecedor. Pero vamos al meollo de la cuestión, que es para lo que hemos empezado a escribir…

 

Hace algún tiempo que venimos notando cierta sensación de inseguridad en las calles, tal vez acuciada por la crisis, pensábamos. Pero es que ya, cuando te toca en tu casa, duele y mucho. 

Vivo en el barrio chino de San Isidro (lo de chino es porque hubo muchas cochineras aquí hace muchos años) en un edificio que es la paz y la armonía absoluta entre sus vecinos, la mayoría propietarios, que velan por su, tal vez, la mayor inversión de sus vidas y esto hace que las cuiden con esmero. Pues bien, el día de la famosa tormenta de arena que nos dejó a todos en casa sin ver mas allá de un palmo de nuestras narices, un grupo de marroquíes, dos o tres, violentan la puerta de un pequeño local que está a la entrada de nuestro edificio y “okupan” la propiedad, cambiando incluso el cilindro de la puerta. Evidentemente este local no reúne las mínimas medidas higiénicas para habitarlo.

A partir de aquí comienza un calvario de denuncias por parte de los comuneros del edificio y algún que otro vecino del barrio, puesto que el local se dedica presuntamente al menudeo y tráfico de sustancias estupefacientes, cosa que se denunció en su día tanto a la policía Local de Granadilla como a la Guardia Civil. Policía va, Policía que viene. Hacen denuncias y registros, pero nada mas porque no pueden atribuirse mas funciones. Y así llegamos al día de ayer por la noche, cuando unos vecinos se percatan que están vaciando el local, vamos, que se largan con sus “cositas” a pagos más propicios.

Hoy por la tarde, nos ponemos en marcha los vecinos y decidimos que, ya que el local estaba vacío, lo mejor era tapiarlo, previa petición y autorización de sus propietarios, el Banco de Santander. Estábamos en esas cuando se aceran dos individuos de aspecto latino, pertrechados con escobas y productos de limpieza y se paran mirando perplejos nuestras labores de cerramiento del local y clausura definitiva del mismo. Sin mediar palabra hacen alguna llamada de teléfono con sus móviles y se personan, en cuestión de minutos; una pléyade de marroquíes que reclamaban la propiedad el uso y el disfrute del local. Evidentemente hubo cruce de palabras y lo que no fueron palabras, lo que nos hizo llamar a la Guardia Civil y a la Policía Local de Granadilla, que tengo que decir, acudieron rápidamente, comprobando que el local se destinaba no a vivienda y si al menudeo y venta de sustancias prohibidas, drogas, vamos…aunque aquí tengo que decir que presuntamente por imperativo legal, pero que todos lo habíamos visto y hasta olido. El local se convirtió en un fumadero y eso había de acabar.

El local ya cerradp por los vecinos._FotorEl local ya ha sido tapiado por los vecinos.

Durante la identificación de los marroquíes y los colombianos, nos enteramos que los primeros habían abandonado el local porque se lo habían “vendido” a los segundos, que incluso ya tenían la llave.

La situación se puso muy tensa porque estos súbditos alauitas se creen que se las saben todas y tras insultos y faltas de respeto, la cosa acabó con dos marroquíes detenidos y un colombiano apodado el Parce, también detenido por la Guardia Civil.

Al parecer son mafias organizadas que se dedican a reventar locales comerciales vacíos y que luego venden a buen precio amparados por unas leyes que para nada defienden la propiedad privada.

Si a todo esto añadimos que barrios como San Isidro, imagino que pasará con el resto, están bastante dejados de la mano del ayuntamiento… pues es lo que tenemos. Un autentico polvorín que de no hacer nada, cualquier día va a dar un estampido que hará muy difícil volver a meter en vereda. 

Ojo que no puedo decir nada negativo de las fuerzas del orden, que en todo momento han actuado con diligencia y una profesionalidad encomiable.

Me da mucha pena que se pierda San Isidro, otrora un crisol de culturas que convivían en paz y mucha seguridad porque había quien velaba porque esto fuera así. Ahora lamentablemente NO.

O. León