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13:29h. lunes, 10 de agosto de 2020
Esto ha sido sin lugar a dudas el echarle un pulso a la supervivencia, a una nueva forma de vivir, llegando a darnos cuenta de las tantas cosas que sobran, o en consecuencia las que nos han sobrado en este tiempo que hemos estado solo pendientes de nuestras cuatro paredes y poco más. 

Desde tiempos pasados el ciudadano ha estado poco pendiente de los medios de difusión (periódicos y radio) a no ser por eventos deportivos y poco más. Lo más cercano que recuerdo fue la noche de los transistores, en donde casi todo el país estuvo pegado a la radio para saber el desenlace que podía ocurrir con el golpe de Estado de Tejero. 

Ahora ha sido un desagradable enlace social el que hemos tenido, por lo menos nos hemos preocupado y con sentimiento de todos aquellos que se han dejado la vida por esta pandemia de la cual tanto se ha hablado y se sigue hablando, y que los medios sin descanso y en continuo han estado dándonos información del curso de esta pandemia. Pero la sociedad ha declinado y no quiere sentirse más víctima de este coronavirus, la gente está en la calle, confraterniza, está alegre, da rienda suelta a ese sometimiento que nos impuso ese contagio, al cual todos hicieron el máximo por escapar de ese mal.

Pero los humanos pronto olvidamos, se nos avisa por activa y por pasiva de que el contagio está en la "calle" que esto ha sido solo una pequeña tregua que ha dado el "bicho", augurándonos que para el otoño pueda retomar de nuevo su posición desbastadora.

Pero claro, así de esta forma de estar y estando asustado no le interesa vivir a nadie, el desprecio es cerval el que se tiene, y más cuando alguien ya habla de esto a diario repetitivamente, tanto sanitarios, como autoridades y objetores morales (que siempre hay) que te dicen lo que debes  hacer esto o aquello y ser más consciente y respetuoso con las directrices que da el Gobierno a la población sobre el Covid-19.

Esto ha quedado en un momento de nuestra vida que podríamos hacerlo grabar y llamarle" nunca jamas". En estos meses hay días que hemos visto llover sin esa alegría romántica que da la primavera, notar ese incipiente frescor de la estación. Pero no ver y observar el silencio que hemos tenido que ni los grillos cantaban, parecía que estábamos solos en el mundo.  

Pero hemos apreciado todo lo que casi nunca fuimos capaces de observar, el Sol, el silencio, la noche, la compañía que meses antes no podíamos atender, ahora hemos estado todo el día, meses juntos, y eso ha hecho más compacto el sentimiento de unión ante el núcleo más importante de la sociedad que es la familia.

Esto es lo único que hemos sacado, la observancia hacia los demás, el no ser individualista, ni egoísta, hemos sabido escuchar a las cosas que antes nos parecían una nimiedad, ahora necesitábamos ese apego a nuestros semejantes, el poder de la familia con la que has estado"recluido", esto y según todos los sociólogos ha sido lo más grande que hemos tenido. Toda una lección que nos hemos dado a nosotros mismos de humanidad y civismo ante todos. 

Esto es sin duda lo mejor que nos ha pasado socialmente, esa forma de ser "asilvestrados" que teníamos muchas veces en nuestro comportamiento. Esta pandemia nos ha obligado a desterrar para siempre esos comportamientos y a preocuparnos por el bien común que también es el nuestro. Y solo pensar y darnos cuenta de que si vivimos pese a los obstáculos que este Covid 19 nos ha impuesto.

Salvador Barnés