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14:24h. miércoles, 28 de octubre de 2020

SI fuimos capaces de dar la campanada ante el mundo civilizado demócrata, cuando enterramos a la Dictadura (semi enterrada), y se planificó la Transición con un arrojo fuera de toda duda, a sabiendas que era en ese momento el jugarse el pellejo por apostar al número que se sospechaba que era el mejor, y era la democracia, aunque unos años después salió el globo que se estaba hinchando desde la muerte del dictador y acabó en un hundido sainete de Golpe de Estado en el 81.

Bien, pues el aplauso fue unánime por las Cancillerías democráticas de Europa, que levantaron la prohibición que le tenían a España y empezaron a creer en esta Nación, que siempre nos hemos sentido puteados, vilipendiados y estafados con robos más que declarados contra los españoles, que ya no valía el dogma de la dictadura que decía "ser español, es una de las cosas más grandes que se puede ser". La capa democrática que aceptamos, nos dio entrada y rienda en ser comunitarios y a tener voz y voto en Europa.

Por eso, deberíamos de dejar al mundo democrático de nuevo con la boca abierta de asombro y de admiración que sentirían hacia este País del Sur de Europa, España, en donde tantos acontecimientos se han tenido y sufrido para mantener este régimen democrático, que sin duda es el menos malo de los que gobiernan hoy el Mundo.

Así que si cogiéramos a los 350 elegidos en las pasadas elecciones y les mandáramos a su casa para que no calentaran más los escaños en donde reposan sus posaderas, y se volvieran a hacer listas nuevas con caras nuevas, nuevos currículum, gente con una sola idea el tener a España como meta y trabajar para que este país fuera de los primeros en Europa, por su honradez, por trabajo, por promesas cumplidas y cumplir con la sociedad a la cual se le debe todo, y jurar o prometer por el bienestar del país y por la labor a desarrollar.

Nada de esto es un sueño, se puede conseguir si se tienen ganas de que todo esto cambie, si no es así, tenemos un mal futuro, será igual que una riada que se sale del cauce del río y nos encontramos con lo que nadie quiere.

Salvador Barnes