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15:13h. miércoles, 16 de junio de 2021

Dámaso "El Brujo" el asesino que marcó una época

Quizás a las nuevas generaciones no les suena el nombre de Dámaso Rodríguez Martín, pero hace tres décadas despertó una ola de terror en Tenerife. Nuestro protagonista era mejor conocido como "Maso" o "El Brujo", porque desaparecía y aparecía como por arte de magia sembrando el pánico por las montañas de Anaga. 

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Dámaso Rodríguez Martín "El Brujo" el asesino que mantuvo en jaque a las fuerzas del orden de Canarias

Infancia y adolescencia

El asesino que mantuvo en jaque a las fuerzas del orden de Canarias nació  en plena posguerra el lunes once de diciembre de 1944, en El Batán, San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. La zona donde creció era rural y en ella vivían familias muy humildes que se dedicaban a la agricultura, pastoreo o la ganadería. Su padre se llamaba Martín Rodríguez Siverio y su madre Celestina Martín Perdomo, tenía tres hermanas y un hermano llamado Ramón. De pequeño fue un chico callado, muy trabajador y respetuoso. No destacó en su pueblo por tener un mal comportamiento pero con diecisiete años comenzó a robar y en enero de 1962 ingresó en prisión en la que permaneció un año y medio.

Vida adulta

Al salir de la cárcel decidió emprender una nueva vida y fue pastor y carbonero. Incluso después de hacer el servicio militar obligatorio, en 1966 se enroló en La Legión y fue destinado al Sáhara en el Tercio de Extranjeros. Sin embargo, poco le duró la vida militar y un año después regresó a Tenerife y contrajo matrimonio con Mercedes Martín Rodríguez con la que tuvo dos hijas a principio de los setenta.

Durante casi diez años el perfil de Dámaso fue bastante bajo, se limitaba a vivir de las labores del campo. No obstante estuvo vinculado al mundo de las drogas y se dedicaba a mirar a las parejas que iban al Monte de las Mercedes a mantener relaciones sexuales. A Dámaso le excitaba ver como estas intimaban y se convirtió en un fiel espectador en las madrugadas de finales de los setenta y principio de los ochenta. 

De carácter agrio y tosco se dedicó durante años a maltratar a su mujer y atemorizar a su familia. Su personalidad se convirtió cada día más perturbadora hasta que pronto su instinto asesino despertó y mató por primera vez un domingo ocho de noviembre de 1981 en torno a las 21:30 horas. 

 

Comienzo de los crímenes

Dos días tardó la Brigada Regional de Policía en detenerlo. A pesar de que el caso estaba bajo secreto de sumario, se supo que el joven Baldomero Rodríguez Suárez de 24 años, (algunos periódicos de la época publicaron que tenía treinta años) fue asesinado cuando se encontraba en el interior de su coche junto a su novia María de los Ángeles Ledesma Reyes de 17 años en El Moquinal, el Monte de las Mercedes. Dámaso era un voyeur que solía frecuentar esa zona para observar y excitarse con las parejas que acudían para tener relaciones íntimas. Cuando Baldomero y María de los Ángeles estaban practicando sexo en el asiento del copiloto, de repente "El Brujo" asomó su cabeza por la ventanilla y a pesar de que el joven intentó arrancar el coche, este le disparó varias veces matándolo en el acto. No satisfecho con el asesinato se abalanzó sobre la joven y la violó en dos ocasiones fuera del vehículo; esta trató de defenderse primero con una navaja que portaba encima y luego golpeándolo con una piedra. Tras el forcejeo la chica llegó a poner en marcha el coche pero el asesino la alcanzó, lo arrancó y condujo hasta el Llano de Los Viejos con el cadáver de Baldomero y la joven malherida. Una vez allí los tiró del vehículo no sin antes robarles el dinero que tenían. 

 

Estancia en la cárcel

"El Brujo" fue condenado a cincuenta y cinco años de prisión por los crímenes cometidos, pero tras ocho años de internamiento solicitó varios permisos que les fueron concedidos por buen comportamiento. Según el personal de Instituciones Penitenciarias Dámaso acató las normas y nunca supuso un problema en la cárcel. Al contrario, pronto se adaptó a la vida en prisión. Durante los primeros años fue visitado por su madre y su mujer, pero al cabo de un tiempo Mercedes dejó de ir a verlo y se distanció. Su buena fama como interno le valió para conseguir a finales de los ochenta diversas autorizaciones para ir a ver a su familia. "El Brujo" consciente de la lejanía de Mercedes, cada vez que regresaba su casa le propinaba múltiples palizas y su único propósito se convirtió en matarla. 

 

Permiso y Fuga

Corría el mes de enero de 1991 y Dámaso obtuvo el cuarto o quinto permiso de la cárcel pero esta vez no regresó. Enseguida se dispuso un dispositivo policial de búsqueda y captura que duró desde el 20 de enero hasta el 19 de febrero. La situación se convirtió en atroz cuando los días 23 y 24 aparecieron los cuerpos de dos turistas octogenarios alemanes en el Monte de Anaga. Los agentes encontraron a la pareja asesinada gracias a los perros que son entrenados para este tipo de casos. A Karl Flick de ochenta y tres años lo mató con una escopeta disparándole en la cara y al día siguiente encontraron a Matha Kuper de ochenta y siete años, a la que primero violó y luego la estranguló con una media, dejando su cuerpo inerte tapado con retamas del bosque. 

Carnavales

Tras el hallazgo de los cuerpos el dispositivo fue mayor para dar con el sicópata. Este se sentía cada vez más confiado, se movía en su hábitat y prueba de ello es que forzó la puerta de una casa y volvió a violar a otra mujer. En la memoria colectiva de los tinerfeños está la creencia de que Dámaso iba a aprovechar que era Carnavales para ir disfrazado a Santa Cruz y así matar a sangre fría y saciar su deseo sexual. 

Nuestro protagonista conocía mejor que nadie el Monte de Anaga, cada palmo de terreno lo tenía impreso en su mente desde niño. Durante casi un mes logró esconderse en las cuevas que tenían sus vecinos. La mayoría de pastores y cazadores de la zona tenían víveres en las chozas y cobijo con los enseres esenciales para pasar el día. De hecho llegó a apropiarse de una escopeta y de cartuchos. Ni siquiera más de un centenar de policías y de cuerpos especiales lograron darle captura. Dámaso no tenía nada que perder y quería morir matando.

Los medios de comunicación de la época cubrieron durante aquellos fatídicos días su búsqueda. Era tanto el temor de sus familiares que pidieron protección porque temían por sus vidas, sobre todo su mujer y sus hermanos. Los colegios de la zona también tuvieron escolta policial para proteger a los estudiantes y docentes. Hasta uno de ellos llegó a cerrar sus puertas durante una semana. Los bares y restaurantes cerraban como muy tarde a las siete porque una vez de noche no se veía a nadie por las calles. 

 

Captura y muerte

Todos sabían que El Brujo podría aparecerse en cualquier momento y saciar su sed haciendo lo que más le gustaba, violar y matar. Sin embargo, a mediados de febrero el tiempo cambió y hubo muchos días de intensa lluvia. Esto jugó a favor de las fuerzas de seguridad del estado ya que para Dámaso era cada vez más difícil huir y limitaba cada vez más sus movimientos.

Traslado cadaver Dámaso El Brujo 0_FotorTraslado del cuerpo sin vida de Dámaso "El Brujo". Foto El Día

La pesadilla terminó cuando lo acorralaron en una de las casas que ocupaba ubicada en El Solís, Tegueste. La versión oficial dice que al verse sin posibilidad de escapatoria prefirió suicidarse a entregarse. Otras fuentes apuntan a que fue abatido por la policía pero no hay pruebas de ello. Lo cierto es que tras un mes de miedo el pueblo tinerfeño descansó. 

 

Fuentes

El Día
Diario de Avisos
RTVE
Tv Canaria
Plataforma Jable