Buscar
jueves, 20 de junio de 2024 23:31h.

Las heridas del Ecuador

Dicen que las comparaciones son odiosas. Y es el caso si nos alejamos por un instante de nuestros odios patrios para observar lo que ocurre en Ecuador. Un narco ordena matar a un candidato presidencial, simplemente porque se atrevió a denunciar sus amenazas públicamente. 

Muerte de Peñafiel
Instante justo antes del asesinato del candidato Fernando Villavicencio

Este no es el primer caso ni será el último en un país acostumbrado a un clima de violencia extrema, que sufre uno de sus episodios más cruentos. Las guerras entre bandas controladas por carteles mejicanos y el pulso que mantienen con el estado cuenta con una red de relaciones de intercambio que operan en la oscuridad entre cargos políticos, empresarios y el propio narco, que rivaliza en recursos económicos y militares con gobiernos que se ven abocados a decidir si prefieren plata o plomo.

Imposible acabar con la ley que imponen aquellos que operan en paralelo o incluso, por encima de la ley oficial, cuando una parte nada desdeñable de la población depende, de algún u otro modo, de los ingresos que proporcionan los amos del narcotráfico y del crimen organizado.

Los indicadores de pobreza y la dificultad para ascender si no has estudiado en ciertos colegios o si apenas conoces a personas pertenecientes al estrato social adecuado, son respuestas que podrían explicar esta situación, pero no son las únicas. Porque hablamos de un tumor adquirido que vuelve a salir con más fuerza si intentas extirparlo. Por la sangre ecuatoriana, como sucede con casi todas las de América Latina corre el estigma de un pasado colonial y la lucha por una identidad que busca sus particulares formas de supervivencia en sociedades atrapadas por la influencia norteamericana y el modelo de éxito yanki.

Debajo de las llamadas vías de desarrollo, nacen niños que serán sicarios, las favelas crecen y el mandato de las armas sustituye al de los votos.