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Tributo Camel Trophy en el reestreno de la pista PK29 del norte de Tenerife, en homenaje a Micky Woolmington y Tomás Lorenzo, Mundo Maya'95

Parte de la familia canaria del Camel Trophy, en las faltas del Teide. / Alejo Ruiz

Cuarenta años después de la primera incursión de Canarias en el Camel Trophy, la competición de motor y aventura más conocida del mundo, este fin de semana volvió a reunirse la gran familia de una competición-aventura que perduró hasta el año 2000 y que gracias a personas como Fernando Lorenzo o Paco Perezte, se mantiene viva en la memoria de aquellos apasionados de los todoterrenos y los equipos canarios que recorrieron desde los años ochenta hasta final del siglo pasado los más inhóspitos lugares de nuestro planeta. 

 

El tributo al Camel Trophy tuvo como epicentro la gran finca La Jara, en Benijos (La Orotava), desde donde partió y llegó una ligera ruta por las pistas forestales del norte de la Isla, con reestreno de la PK29 recién abierta por el Cabildo.

Los homenajeados Micky, y Tomas, junto a Fernando Lorenzo y Paco Perezte. / Norchi.

Cinco de los vehículos bajo el diseño de Camel Trophy -tres de ellos auténticos- y otro buen número de todoterrenos y unas cuarenta personas disfrutaron de una jornada aventurera y festiva, que acabó dando cuenta de un cochino de 57 kilos de la granja de Micky Woolmington, antes que llegara el homenaje a los protagonistas del 30 aniversario del Mundo Maya'95 en forma de presentes y recuerdos, concluyendo con el goteo incesante de anécdotas desde mediados de los ochenta hasta el final del siglo pasado, solo interrumpidas por la incesante lluvia, esa que apareció a media tarde debajo del sol que acompañó la comitiva por Izaña, con la imponente imagen del Teide siempre de guía, y no nos abandonó toda la noche, por algo se trata de tierra de papas bonitas.

Los Land Rover pudieron disfrutar de la recién reabierta PK29 de Chanajiga, entre La Orotava y Los Realejos. / Norchi

En esta ocasión, el reencuentro en el norte de Tenerife de los cameltrophistas canarios sirvió para homenajear a Micky Woolmington y Tomás Lorenzo, la pareja que nos representó hace treinta años en Mundo Maya'95, donde tuvieron que sortear temperaturas superiores a los 40 grados, a los cocodrilos -Juanjo Jiménez y Pico Zárate siempre nos recuerden la triste historia de Olwaldo, pasto  de un gran lagarto- y a la rigidez de la canoa, que llegó a utilizarse tanto o más que el Land Rover, por algo le bautizó entonces como Canoa Trophy.

Se subió el Corral del Niño, en Izaña, con las huellas del último incendio, para regresar por la PK29. / Norchi

En este nuevo rencuentro estuvieron presentes, aparte de los homenajeados, otros participantes como Fernando Lorenzo y Carlos Luengo (Baikal 1990), Belén de la Fuente (Kalimantan-Borneo 96), José Hernández (Tierra del Fuego 98), José Luis Hidalgo (Paraguay-Argentina-Chile 94) y Alejandro Montesdeoca (Tanzania-Burundi 91), aunque la gran y agradable sorpresa la dio el tinerfeño José Robaina (mañana cumple 67 años), que logró el primer gran éxito canario con el tercer puesto en Australia 86. Robaina recordó un sinfín de anécdotas de aquel Camel Trophy en las antípodas que no resultó tan divertido como los anteriores en Brasil o Papao Nueva Guinea, o los posteriores en Madagascar, Sulawesi, Amazonas o Borneo, por poner varios ejemplos.

El campamento estuvo situado a mil metros de altitud. / Norchi

Fernando Lorenzo, piloto en 1990 y luego jefe del equipo canario, después de Darío Cano, a quien se echó en falta esta vez, ya trabaja para la próxima edición de este tributo a Camel Trophy -bien pudiera ser La Gomera, la isla elegida- y seguro que para ello seguirá contando con un equipo extraordinario de colaborares y trabajadores como Fran Pérez Estévez, Moi, Norberto Camacho, Aitana y Alexandra Falcón, Miguel, Alejo y el imprescindible cocinero, Ernesto. "Solo gracias a ellos podemos hacer esto cada año", contando obviamente con la complicidad de toda la familia Camel, la de pilotos y periodistas, que formaron los equipos que a partir de Madagascar 1987 por primera vez lucían en los Land Rover la bandera tricolor, así como aficionados incondicionales como David, Carlos o Ayoze -este año hasta e sumó un finlandés- que muestran su apego innegociable a los Land Rover.