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17:00h. sábado, 08 de mayo de 2021

Parar a la extrema derecha

Desde la provocación de VOX en Vallecas, a las recientes balas a Iglesias y la provocativa y chulesca negativa de Monasterio, el debate ha tomado aún más fuerza. La extrema derecha es una realidad y una amenaza directa no sólo por sus políticas patronales y neoliberales en la economía y por la reivindicación directa del gran nacionalismo español, católico y franquista, sino también por sus ataques racistas, homófobos y machistas. Se trata del crecimiento de Vox en las últimas elecciones catalanas y las proyecciones de las encuestas estatales. Pero también en cómo sus planteamientos influyen sobre los demás partidos, en el giro del PP de Ayuso en Madrid, o, aún peor, la prohibición –como pedía VOX- de los actos del 8 de marzo en Madrid por parte del Gobierno “más progresista”, y sin que Podemos se desmarcara ni un pelo. No minimizamos en absoluto, la amenaza que Vox y la extrema derecha suponen para los y las trabajadoras.

La cuadratura del círculo o cómo estabilizar el régimen

A la espera de la sentencia sobre el procés catalán y sus dirigentes, el PSOE se muestra incapaz de formar gobierno y menos un gobierno estable que capee el temporal catalán, cuando por el otro lado la banca acreedora y la Comisión Europea ya le presionan para que se sigan aplicando los recortes que exige el pago de la deuda. El Ibex y el régimen no aceptan un gobierno con Podemos, y el PSOE acata, pero precisa su voto afirmativo. El único argumento de Sánchez para obtenerlo, es amenazar con nuevas elecciones con encuestas desfavorables para la formación morada.

Catalunya: 1O, 3O, 8N, 21D... ¿Y ahora qué?

El 21D en el terreno electoral el 155 fue derrotado. Rajoy no consiguió cerrar la crisis abierta en Catalunya, a pesar de todas las prohibiciones, detenciones y amenazas, lo quería hacer con un gobierno unionista que «legitimara» un ascenso de la represión, la derrota del proceso independentista catalán y empezar una profunda recentralización/ españolización. En este sentido la operación electoral se gira contra el propio Rajoy, que ha sacrificado su partido en Cataluña y agudiza las contradicciones políticas que lo ahogan. 

 

Hay que parar a este PP debilitado, con la movilización

Rajoy fue derrotado por el voto del resto del Congreso ante la presión de la movilización de los estibadores. Era la primera muestra ostensible de la debilidad del gobierno en minoría. Aún y así, en las previsiones del PP estaba remontar el bache aprovechando las falquezas del resto de los partidos, y forzar la aprobación de presupuestos con más recortes y privatizaciones tras la cortina de plazas de oposición a empleos públicos.