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04:31h. viernes, 21 de enero de 2022

Productividad

Llevamos décadas denunciando la deficiente Administración Pública que sufrimos en Canarias. Ni los que gobernaban antes, ni los que lo hacen ahora, han puesto soluciones viables para corregir una deriva cada vez más desastrosa. No han sabido, a lo mejor, es que no han podido, vaya usted a saber por qué o quizás, no se atreven por cobardía. El corporativismo y sindicalismo de la Función Pública les asusta, es más, les da pánico.

Nadie se atreve

Hay una expresión muy española que acierta en su significado, es “coger el toro por los cuernos”, a saber, enfrentarse a un problema con valor y decisión, sin tratar de evitarlo, es decir, de procrastinar. Eso es lo que pasa con la Administración Pública, que actualmente es la base estructural que empeora todo, retrasa e impide un desenvolvimiento económico dinámico, así, como un desarrollo social sostenido; no sirve, está obsoleta, sin medios, es un muro infranqueable, donde todo se paraliza, se complica y no da soluciones en la mayoría de los casos, sino que, por el contrario, los crea, agranda y al final, los pudre.  

La Palma y Tenerife

El año nuevo significa empezar otra vez, recomenzar, que tan buenos resultados da personal y socialmente. Antes de sufrir la terrible pandemia que estamos padeciendo, en estas fechas, todo era alegría, acompañada de esperanzas, porque se veía el porvenir con ilusión y hasta se tenía el propósito reiterado, año tras año, de dejar de fumar. Ahora hay escepticismo, incertidumbre y en algunos casos zozobra.

La inquietud por la compleja situación sanitaria lleva consigo, aflicción por tantos negocios, empresas o proyectos, que se han quedado en el camino, sepultados, no por una mala gestión, sino por causas sobrevenidas.

Las expectativas, por muy triunfalistas que las presenten los políticos, que juegan su papel de siempre, es decir, alejados de lo que siente o padece la ciudadanía verdaderamente, son cuando menos inquietantes, porque no hay seguridad de nada, el recelo es justificado, porque el desasosiego es real en el conjunto de la ciudadanía. No se trata de ser pesimista, pero tampoco, caer en el populismo optimista, sino plantear la realidad tal cual es en sí misma.

Tenerife arrinconada

En Canarias se ha perdido, parece que, de manera definitiva, el equilibrio interinsular entre las dos islas capitalinas, que históricamente, ha dado tan buenos resultados o estabilidad política y económica, a nuestra Comunidad Autónoma. Desde hace unas décadas y por motivos eminentemente electorales, de los que estaban gobernando en la anterior legislatura, todo ha cambiado, produciéndose una oscilación, donde Gran Canaria, sigue en su ascenso meteórico, copando el liderazgo regional, mientras que Tenerife languidece en un continuo revés imparable, que la está convirtiendo en la séptima isla menor del Archipiélago.

Es lo que hay

Conformarse, como el sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo, por lo cual se siente alguna repugnancia, es vivir vencido, derrotado, agotado.  La resignación, es el someterse o entregarse a la voluntad de otros, cediendo la personalidad y lo que es más peligroso, la propia libertad. Parece ser el sino de nuestro tiempo, donde la mayoría silenciosa aguanta todo, sin protestar, ni levantar la voz y menos, hacer oír su opinión, aunque sea literalmente escachada, engañada o utilizada. Es una dejación peligrosa, altamente irresponsable, porque deja en manos de una minoría muy ideologizada, el liderazgo mediático y operativo, que provoca mucho ruido, aunque son poquitos, intentando imponer criterios, ideas, pensamientos, comportamientos y todo lo que signifique control social y si se puede, también político. 

Paraíso Terrenal

Ya lo hemos dicho reiteradamente y es bueno insistir, que el ecologismo, como movimiento sociopolítico, que propugna la defensa de la naturaleza y la preservación del medio ambiente, merece todos los respetos, como cualquier otra iniciativa, que se base en planteamientos serios, razonables o respetables. Todos tenemos que aportar, para dejar a nuestros hijos y nietos, es decir, a las próximas generaciones, un mundo saludable, en fin, vivible. Es verdad, que es una cuestión de supervivencia, por lo que es imperioso poner todos los medios oportunos para, entre todos, lograr el objetivo de un desarrollo sostenible, que preserve el presente y asegure el futuro. La inmensa mayoría de la población está de acuerdo con estos planteamientos, porque sencillamente son creíbles, sensatos y procedentes.

 

Más carreteras

El título de este artículo, seguro que le dará urticaria a más de uno, que se pondrán morados por considerarlo blasfemo y fuera del discurso único y oficialista, donde todo se trastoca en un noismo, puramente artificial, publicitario, inconsistente, irreal o demagógico. El ecologismo, vivido como la defensa de la naturaleza y la preservación del medio ambiente, es encomiable. Nuestro territorio, alberga una gran riqueza natural, que hay que preservar, dejándola en herencia a nuestros hijos y nietos, como la garantía más valiosa.

Libertad personal

La sociedad en que vivimos, en pleno siglo XXI, donde la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias, reflejadas en restricciones, limitaciones de movimiento o confinamientos, han creado un estado de excepción, donde se ha coartado la capacidad de relacionarse personalmente, tan vital en los seres humanos. Si unimos la digitalización, con sus buenos frutos, pero también, con sus innegables peligros, ya que nos envuelve, condiciona y crea hasta adicción, haciéndonos perder el tiempo y vivir permanentemente conectados artificialmente, hace que se olvide o mejor dicho, se rechace el diálogo presencial, desechando la tradicional costumbre de hablar, pero sobre todo, de escuchar, que se está perdiendo, si ya no se ha olvidado. 

Miedo Tramposo

Hay un miedo existencial latente en el conjunto de la sociedad, derivado de los presagios agoreros de políticos interesados, ecologistas radicales, seudocientíficos, divulgadores de dudosa catadura ética, comunicadores mesiánicos y otras raleas que andan pululando por doquier. Avistan catástrofes por todos lados y por cualquier circunstancia, como si fueran unos milenaristas modernos, donde proclaman, con grave seriedad, la degradación del mundo, su final y una apocalíptica temeraria.  Nos quieren inocular el miedo, para paralizarnos: pandemia, apagón general, tormentas solares que se dirigen a la tierra y ahora también, vuelven con el cambio climático, como tema estrella y mañana se inventarán otro. Lo que pretenden es mantener una sociedad atemorizada, para controlarla fácilmente. Utilizando y nunca mejor dicho, a las personas como marionetas, para intereses políticos o económicos inconfesables.

La Palma es fortaleza

La erupción volcánica en La Palma está teñida de tragedia humana, económica y social. Los sentimientos están a flor de piel, porque las pérdidas materiales, no son exclusivamente las que provocan desasosiego, sino también, los recuerdos, las vivencias, el arraigo a la tierra donde se ha vivido por generaciones y sufrir en un instante, el vacío de quedarse sin nada. Los damnificados merecen todo respeto, ayuda, solidaridad y mucha comprensión. Las administraciones han prometido de todo y en colores, más ayudas, de lo que seguro van a cumplir, no porque no quieran, sino por su intrínseca incapacidad gestora, que hace que la burocracia ralentice todo, lo pare y al final destruya cualquier iniciativa.

Resistir

El Puerto de Fonsalía, es el símbolo de la resistencia, contra los enemigos de Tenerife. Los noistas, los partidos y los políticos que no quieren su construcción demuestran con palabras y hechos, que tampoco quieren a la isla, porque la privan de una infraestructura portuaria de última generación, importantísima, para la vertebración provincial. Las Islas Verdes, que también tienen derecho a progresar, lo demandan imperiosamente, para contar con una conectividad marítima, rápida y segura, que redunde en un acercamiento estratégico. No es un capricho, es una necesidad, que se hará vital más pronto que tarde.

Precios desbocados

Estamos asistiendo a la madurez de lo que podríamos llamar una pandemia económica global, derivada por el alza de los precios de las materias primas y por el desabastecimiento de aquellas imprescindibles, para un normal funcionamiento de todo el proceso constructivo. Es consecuencia, de la reactivación económica, debido al aumento de la demanda y por supuesto, del consumo, después de una parálisis, casi total, del sistema productivo por la COVID-19. Además, el repunte significativo del sector de la construcción está exigiendo una cantidad de insumos importantes, que el mercado no puede abastecer o si lo hace, a unos precios prohibitivos y fuera de las posibilidades financieras de las empresas.

Independencia patronal

Cuando parece que todo y todos, estamos mediatizados por intereses de cualquier condición, mantener la independencia, que es la libertad, para no ser tributario ni dependiente de otro, con el añadido de contar con la entereza o firmeza de condición, necesaria para defenderla, es un valor irrenunciable. Lo que pasa, es que no se quiere entender lo que supone, porque es un ejemplo, que la sociedad política, entendiendo por ello, a los partidos, líderes, responsables públicos o gobiernos en sus distintos ámbitos territoriales, no quieren consentir, porque crea antecedentes que les quita protagonismo e influencia.

Funcionarios en el sofá

Después de superar, momentáneamente, la pandemia de la COVID-19, se está volviendo a la normalidad, no aquella, que publicitariamente nos vendía el Gobierno de España que, por cierto, nunca ha existido, sino a la de siempre. Eso significa retomar el trabajo de forma presencial, para hacerlo más eficaz, cercano, productivo. La iniciativa privada, tanto los empresarios como los trabajadores, han dado la cara con valentía, asumiendo la necesidad de volver al tajo, para reconstruir nuestra tierra. Se han tomado todas las medidas de prevención y salud laboral, así como, la aplicación de todos los protocolos existentes, para minimizar el riesgo al máximo. Vigilando todos los procedimientos de trabajo, con minuciosidad, para evitar cualquier tipo de contagio.

Funcionarios escondidos

Volvemos poco a poco, a la normalidad que teníamos antes de la COVID-19. La vida vuelve a tomar el rumbo de siempre. Nos estamos incorporando presencialmente a los puestos de trabajo, con todas las medidas o protocolos de seguridad, con el fin de arrimar el hombro para reconstruir Canarias. Hay funcionarios, muy responsables, que están dándolo todo desde el inicio de la pandemia, incluso exponiendo sus vidas y también ahora, yendo todos los días a su puesto de trabajo presencialmente, para atender personalmente a los ciudadanos.

El Puerto de Santa Cruz de Tenerife

La ubicación geográfica de nuestro Archipiélago Canario, en el Atlántico medio, conformado por ocho islas, nos identifica, además de darnos esa particularidad de la lejanía, que evidentemente tiene sus desventajas, pero que también, aporta valor añadido. Nuestra idiosincrasia, viene dada por la insularidad, que nos enriquece sobremanera, porque cada isla aporta sus diferencias, para constituir una unidad regional, con evidentes características desemejantes. La famosa frase que dice “que suerte vivir aquí” resume, todo lo que se nos ocurra escribir para reivindicar nuestra tierra. La Islas Canarias, un territorio aislado y fragmentado, son una riqueza natural indudable, plantadas en el mar, que nos acompaña amparándonos siempre, viéndolo desde cualquier lugar, disfrutándolo continuamente, sin casarse.

Veletas

Lo políticos actuales, tanto a nivel estatal, como local, insular o autonómico, no tienen nada que ver, con aquellos de la Transición española, que demostraron en su quehacer público, señorío, saber estar, comprensión, diálogo, prudencia y sobre todo, apostar por el consenso, demostrando una querencia a nuestro país, por encima de personalismos, egocentrismos, intereses partidistas o ideológicos.

Ahora lo que padecemos, son algunos que tienen algo de fundamento, desgraciadamente pocos y por otro lado, una gran mayoría, que son unos verdaderos cachanchanes, puros sueldólogos, que viven exclusivamente de lo público, porque en la vida privada, no tienen ningún quehacer laboral. Se da el caso que la primera vez que han cotizado a la Seguridad Social, ha sido cuando han ocupado un cargo en cualquier institución gubernativa. Por eso, cuando llega la época de hacer las listas electorales, hay guerras intestinas, ruidos de sables o traiciones rocambolescas en todos los partidos políticos, para colocarse en puestos de salida, ya que eso implica asegurar un sueldo, por cierto, bastante goloso, durante cuarto años. Se han criado desde jóvenes, como burócratas del partido o fiel y ciego seguidor del líder correspondiente, que después los recompensa con algún puestito muy agradecido. 

Trabajar presencialmente

Hay un sentir unánime, no sólo de los empresarios, sino de la ciudadanía, que urgen la vuelta al trabajo presencial de los empleados públicos. Es incomprensible y de todo punto anómalo, que sean los únicos que todavía mantienen, mayoritariamente, el trabajo telemático, cuando la iniciativa privada, dando ejemplo, está rindiendo de forma presencial, de manera eficiente y asumiendo responsablemente, todas las medidas de seguridad o preventivas establecidas. No se puede caer en el fatalismo o nihilismo de Nietzsche, cuando dijo, “el que no tiene dos terceras partes de su jornada para sí mismo es un esclavo, sea lo que sea, político, comerciante, funcionario o erudito”. Todo lo contrario, hay que aportar, sumar, producir, porque el trabajo no subyuga, sino que engendra dignidad personal y riqueza social.  

 

Insularismo

En Canarias, hay tópicos que se repiten, unas veces inconscientemente y otras, porque hay intereses que los provocan. Históricamente se ha escrito y hablado mucho del Pleito Insular y no hay por qué asustarse por tratar este tema, ni rasgarse las vestiduras. Ha sido una realidad palpitante, algunas veces exacerbada y otras, objeto de enfrentamientos políticos, clanes familiares o económicos, entre la dirigencia o burguesía de las dos islas capitalinas.  Como consecuencia, se le ha dado un marchamo despectivo, no por el pueblo, que en la mayoría de las veces se lo toma jocosamente, sino por los puristas o censores zalameros que, buscando beneficios propios, tildan el insularismo como perjudicial para Canarias, cuando después, engañosamente, son ellos mismos sus máximos representantes y beneficiarios. No hace falta poner nombres y apellidos, porque nuestra tierra es pequeñita y para lo bueno o lo malo, aquí nos conocemos todos.  

Mejorar es posible

Hay un cuento muy popular y certero en la mentalidad latina, de un padre que siempre comentaba, que la mejor herencia que le dejó a su hija fue darle los recursos necesarios, para que estudiara y después, se presentara a las oposiciones correspondientes, con el fin de ser funcionaria, porque de esa manera, tenía el sustento asegurado hasta que se jubilara. Seguimos igual, la mayoría de los egresados de la universidad, tienen como objetivo primario, sumarse a la función pública, buscando el sosiego que da la estabilidad de un trabajo para toda la vida, que encima, carece de cualquier procedimiento de medición de su productividad.

Es una trampa

Caer en la trampa es de torpes, en cambio, darse cuenta y esquivarla es el camino iluminado por la inteligencia. Estamos asistiendo, una vez más, porque es un proceso cíclico, a la estrategia noista de parar todo, a base de abrir un nuevo debate estéril, sobre la construcción de las infraestructuras que demanda la isla. En este caso, ha tocado la suerte al Puerto de Fonsalía, podría haber sido otra cualquiera, a ellos les da lo mismo, de lo que se trata es de paralizar Tenerife y obstaculizar su progreso. Algún día se sabrá, seguro que será más pronto que tarde, los verdaderos motivos que hay detrás de todo este tinglado pseudo ecologista, que disfraza intenciones que no se atreven a mostrar públicamente, ya que están movidas por ideologías sectarias, totalitarias, englobadas dentro del  pensamiento único.

 

El aeropuerto de Fonsaliía

Decía George Orwell, novelista, periodista y ensayista británico que, “en una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario”, sentencia, que como todo lo que escribió, es de candente actualidad. El relativismo imperante, en todos los ámbitos, oscurece la verdad que, unido a la imposición del pensamiento único, ese que se autodenomina progresista, pintado de morado o rojo, hace que valga todo, porque el subjetivismo es quien manda. 

Noistas contra Tenerife

Estamos en pleno agosto, mes de vacaciones por excelencia, la vida continua, quizás con otra velocidad, pero siempre latente la realidad que nos circunda, más bien, que nos preocupa, por la que luchamos continuamente, con intención positiva para mejorarla. Tropezamos con tanto por empezar, cambiar, modernizar, ejecutar y acabar, que no hay tregua posible. Hay que seguir luchando, sin descanso, con brío, porque tenemos que salir adelante, a base de esfuerzo, trabajo, perseverancia. Aportando lo que sea preciso en cada momento, cooperando allí donde sea necesario, contribuyendo al crecimiento económico y desarrollo social de Canarias, colaborando con aquellas instituciones públicas o privadas, que hagan posible los sueños tan deseados y poniendo las ganas o apoyos imprescindibles, porque todos somos necesarios. 

Tenerife quiere el Puerto de Fonsalía

Oscar Izquierdo presidente de FEPECO, señala que la caducidad de la Declaración de Impacto Ambiental al proyecto del Puerto de Fonsalía, es la demostración, una vez más, del fracaso de la gestión política y burocrática en Tenerife. Se agota un plazo de seis años y encima los responsables de la Consejería lo anuncian con satisfacción, cuando lo que deberían demostrar es vergüenza, además de preocupación, por no ser capaces de tramitar los expedientes en tiempo y forma.

Lucha Canaria

Es difícil encontrar una palabra que defina exactamente lo que ha pasado en Tenerife durante las últimas décadas, lo que sucede actualmente y el futuro nada halagüeño que se prevé, debido al abandono sufrido, intencionado, traicionero o aceptado como mal menor; a la escasa o tímida reacción, que no se ve por ninguna parte y si la hay, es tan débil, que pasa desapercibida y a ese conformismo derrotista o interesado, que parece que le gusta quedarse como está, porque puede que haya ganancias, económicas o políticas, que es preferible no menear.