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19:23h. viernes, 23 de julio de 2021

Hostelería en nivel 3: tocada y a punto de hundirse

Para David Santana, presidente de ASEVITE, los rumores y las sospechas han terminado por cumplirse, y como siempre, “la aplicación de medidas a nivel insular, deja mal parados a los de siempre: los municipios pequeños de las medianías”.

Este miércoles, en el Consejo de Gobierno se decidió que la isla de Tenerife vuelva al nivel 3 en el semáforo Covid y esta decisión no ha dejado indiferente a nadie, pero sobre todo, ha sentado como un jarro de agua fría al sector de la hostelería.

El malestar que genera esta aplicación de medidas, no se ha hecho esperar y así lo han trasladado muchos de los restauradores asociados a ASEVITE (Asociación de Empresarios de la Villa de Tegueste) a su presidente, David Santana.

“...La aplicación por tercera vez en lo que va de año de las medidas del nivel 3, dejan al sector de la hostelería herido de gravedad. En nuestro municipio, hay un alto porcentaje de cafeterías a las que le es imposible subsistir con las mesas de terraza en las que su servicio principal son desayunos y cafés. Otras, ni siquiera pueden abrir sus puertas porque no disponen de terraza, al ubicarse en zonas en las que no es inviable montarlas. Estos establecimientos han resistido duramente dos embestidas, la tercera, es posible que las deje agonizando o las haga cerrar definitivamente”.

Al hacer un análisis de las aplicaciones de nivel 3 en anteriores ocasiones, según Santana, “se ha demostrado que la hostelería no es problema, y mucho menos lo es en un municipio donde el número de contagios apenas supera la decena. Al final, los pueblos somos los grandes damnificados”. Aplicar las medidas a nivel insular, deja en clara desventaja a las zonas de medianías y otros tantos municipios que tienen una incidencia acumulada baja o casi nula.

Desde ASEVITE “somos partidarios de aplicar la solución por todos conocidos: el cierre perimetral de las zonas de alta incidencia, pero esta opción parece no contemplarse”. Para Santana, la sensación es de preocupación. “Ha sido un año duro para todos; confinamientos, timidez comercial, bajo consumo generalizado y si le sumamos, la incertidumbre que genera los cambios de nivel, hace más complicado no optar por echar el cerrojo”.

“Ante esta situación, solo queda seguir luchando, como siempre y más que nunca, pero es innegable que la situación es poco alentadora. Se hacen necesarias medidas realistas que ayuden a solucionar el problema, y desde luego que cerrar el interior de los establecimientos de restauración no es la solución y está demostrado”.