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miércoles, 05 de octubre de 2022 00:09h.

¡Ay España, que nunca te democratizaste del todo!

Algunos somos reincidentes en eso de buscar el origen o la raíz de los problemas que nos afectan, y viendo cómo están las cosas de mal por estas latitudes isleñas y por la piel de toro que nos define, no voy muy desencaminado creo cuando digo que en España nos faltó alguna que otra vuelta más de democratización, que a la postre es lo que está detrás de la mayoría de situaciones escandalosas o inaceptables que padecemos. Así, no parece habernos cuajado la democracia del todo cuando tenemos, por ejemplo, a un rey emérito que después de todo lo que lleva se permite venirse de regatas con sus colegas como si nada hubiera pasado. Cuando ciudadanía y clase política mayoritariamente aceptan esto sin rechistar se está invocando sin decirlo a un ancestral derecho de pernada predemocrático, al que pareciera que muchos quisieran volver.

Sucede lo mismo cuando en España la gente apoya mayoritariamente a empresas de paramilitares que sacan a la gente de sus casas aduciendo que son okupas sin esperar a que lo diga un juez. En esta ocasión se invoca a otra también muy antigua ley del más fuerte, dónde cada uno toma la justicia por su mano y el estado de derecho y la democracia como que no importan mucho. 

Otra cuestión que deviene de la falta de cultura democrática de nuestra sociedad es el continuo ambiente de crispación de nuestros políticos desde hace años, con el insulto como saludo de bienvenida, cuando no aún peor acusando a los que gobiernan de no estar legitimados, alentando el guerracivilismo de otros siglos también predemocráticos. Más de lo mismo cuando cualquier medida fiscal, laboral o de carácter social que se pretende implantar, que apenas son parchecitos que solo buscan hacer un poco menos quebrada, un poco menos desigual nuestra sociedad, encuentran una oposición terrible a todos los niveles, invocando parece un tiempo ya pasado de señores y esclavos igualmente predemocráticos. 

Se olvidan también de la democracia cuando nos hacen tragar 1000 medidas privativas o coartadoras de la libertad individual aduciendo un supuesto interés general, para protegernos de un virus o de cualquier otro ataque, justificándolo con dudosos criterios científicos que olvidan a otros científicos o por una supuesta seguridad nacional, y en lugar de a un presidente y a dos cámaras de representantes donde se debate de forma integradora parecemos tener a un caudillo y a un grupo de palmeros. Tanto o más de lo mismo con la corrupción, un auténtico cáncer de nuestras administraciones, tan extendida y asumida por todo el mundo que nos lleva a aceptar como decente a un partido como el PP, calificado como organización criminal en sentencia judicial, y no pasa nada, y pronto gobernarán en España, cómo aceptamos la corrupción del PSOE, y cuando toca también la de Unidas-Podemos, o la de Vox, o la de los catalanes, los canarios o la de cualquier otro partido o sindicato.

Aceptamos porque, total si aquí todo el mundo roba, pues los míos también roban pero como son los míos yo me invento alguna historia para autoengañarme o justificarlo ("y tú más") y no pasa nada. De nuevo invocamos aquí los tiempos predemocraticos del Lazarillo astuto y pillo y de su amo el hidalgo, que no necesitaba ser decente solo aparentarlo. Y así verán que pasa con todos y cada uno de los problemas graves que nos afectan. En cada asunto enquistado, si nos vamos hacia atrás de seguro en algún punto encontraremos a alguien que se quiso llevar más de la cuenta, o a otro que hizo trampas, o a otro que impuso su criterio sin debate, o a otro que abusó de alguien, y a muchos que consintieron, aceptaron o miraron para otro lado, y así hemos ido tirando siempre históricamente, degradando sin parar nuestra imperfecta democracia hasta el punto de lo que tenemos hoy, cualquier cosa menos una democracia decente.

Cierto, en este punto alguien dirá: la corrupción y otras muchas cosas que estoy observando en España se dan también en muchos otros países de nuestro entorno. Bien, no digo que no, pero habitualmente, en la mayoría de esos otros países cuando alguien, sea político o no, lo hace mal, se consiente menos y dimiten más, y la democracia no se degrada tanto. Y es que la democracia la inventaron los griegos hace más de 2.000 años, y la ética también, y al menos en teoría quisieron que ambas fueran juntas, el problema es que en España la democracia llegó tarde y mal, y la ética que trajo no fue la de Epicuro, la de Aristóteles o la de Spinoza, fue la de Maquiavelo, así que créanme, a peor vamos a ir gobierne quién gobierne en años venideros, si no hay alguien que en un momento diga, ¡Señores, señoras, ya está bien de hacer trampas, un poco de justicia por favor! Claro que, pensar que en un país como el nuestro va a asomar algo de justicia y de honestidad, con las tradiciones, las castas y los arraigos tan bien asentados que tenemos, es casi como creer en los Reyes Magos. Así que bueno, mejor olviden lo que he escrito, demasiado infantil, una rara clase de iluso.  

 

Eloy Cuadra, escritor y activista social.