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martes, 31 de enero de 2023 01:15h.

El capitalismo, el canario, la progresía, la moratoria y la ley de residencia

El capitalismo. Ya hemos hablado del capitalismo muchas veces, pero es pertinente para lo que argumentaré después. Y convendremos que el capitalismo actual ha tornado en un capitalismo salvaje donde predominan la desigualdad, la escasez y la financiarización de todo (esto es, que cualquier cosa se convierte en un valor de mercado intercambiable o desechable expuesto a la especulación, incluidos por supuesto los seres humanos).

Otra característica derivada de lo anterior, en el capitalismo actual el valor está en el sector financiero, en la especulación, no en el trabajo o en los bienes tangibles. Ni que decir tiene que en este camino irremediable hacia el desastre al que vamos montados en el capitalismo salvaje, mucho ha tenido que ver ese dogma antiguo de la Mano Invisible, ese que postula la no intervención del sector público en el mercado, porque el mercado es sabio y se regula solo.

Es por supuesto una falacia que no funcionó nunca, no lo hizo cuando hubo que rescatar con dinero público al sistema financiero en 2008, y estamos hartos de ver cómo no se cumple cuando a algún estado no le interesa, por muy capitalista que sea. Lo vemos hoy en Canadá, país ultracapitalista, interviniendo en el mercado para prohibir la venta de vivienda a extranjeros; lo vemos también en el rey del capitalismo mundial, EEUU, donde a cada poco que les interesa se inventan aranceles, intervienen países con golpes blandos o provocando guerras, o firman ayudas multimillonarias a sus sectores estratégicos distorsionando el mercado; y lo veremos en muchos más países, más o menos capitalistas, si ponemos tres palabras en google y le damos a buscar. 

 

El canario. Y el pobre canario, a ojos del capitalismo dominante, desgraciadamente no es nada, no es nada más que un objeto de cambio, y eso mientras tenga algún valor para el mercado, desde el instante en que deje de tener valor será un objeto a desechar, esconder o abandonar. 

A los mercados, a este capitalismo financiero que nos gobierna, poco o nada le importa la cultura canaria, las tradiciones, que haya más o menos paro y pobreza o como esté la gente de infeliz y desesperada, a ellos solo les importa que la caja registradora haga clink y facture -como canta la Shakira-, y bien que están facturando en los últimos años en Canarias por cierto. 

El dinero está entrando a espuertas en el Archipiélago, se compra, se vende, se especula, se cobran beneficios, se paga muy poco, se defrauda, se soborna, se corrompe, y la mayoría del dinero sale como entró.Y en esta martingala descontrolada de negocios -aquí sí lo de la Mano Invisible y nada de intervenir en nada-, el pobre canario desconcertado convertido en objeto de cambio, viendo cómo su valor en el mercado se devalúa porque como trabajador cualificado es sustituído por peninsulares y europeos, y como trabajador sin cualificar los sustituyen también, por otros pobres más pobres aún que el canario, a los que pueden explotar bastante mejor. 

Con este panorama -y ojo que ustedes saben que no me estoy inventando nada-, la resultante es que hay muchos canarios sobrantes que carecen de valor para este mercado salvaje. Y los objetos sin valor, ya lo hemos dicho, se convierten en objetos de desecho, que es justo lo que les está pasando a muchos canarios hoy, en una diáspora silenciosa de miles de jóvenes y no tan jóvenes emigrando a buscarse la vida fuera, como parias por el mundo, porque aquí no tienen ni casa ni oportunidades, con otros tantos miles de canarios más mayores que se quedan a formar parte de los nadies, sin trabajo, sin comida, sin casa, sin sanidad y con poco o ningún futuro por delante. Y al sistema le irá dando igual lo que al canario le pase mientras siga funcionando el negocio, porque saben que cuando deje de manar dinero, como los buitres, se irán a otro lado, y lo que quede de Canarias no será cosa suya. 

 

La moratoria. Sobra decir que la base del negocio de las Islas Canarias está montada sobre el desarrollismo infinito, el turismo de masas y el paraíso fiscal de facto que son. Y así, más proyectos urbanísticos, más urbanizaciones, más hoteles, más turistas, más infraestructuras, más trabajadores, más pelotazos, más negocio, y baja fiscalidad, y más negocios, más empresas, más gente, más población, más residentes, y por supuesto también más superpoblación, más contaminación, más consumo de recursos, más destrucción del medio ambiente y más riesgo de colapso del sistema. Algo que al sistema poco le importa, como ya hemos dicho antes, cuando ya no haya nada que esquilmar aquí se irán para otro lado.

A todo esto se estarán preguntando algunos: ¿qué pasa con el canario gobernante político?, ¿qué papel juega en todo esto?, ¿acaso no son también ellos la mayoría canarios? Sí, son canarios también nuestros gobernantes, pero no se ven ni se sienten canarios, se sienten capitalistas, y a ellos también les va bien el negocio, están facturando mucho, y saben que seguirán aquí por mucho tiempo en la parte rica, con eso les basta, y bueno, si la cosa se pone muy mala ya habrán amasado suficiente para marcharse con los buitres a otro lado.

Con todo, si hubiera algún político canario preocupado por lo que pasa en esta tierra, se ocuparía en que se aprobara lo antes posible una moratoria indefinida al desarrollo de nuevas infraestructuras turísticas (como en Baleares), para que se pusiera un tope también indefinido a las camas turísticas y un freno a todo lo que implique más impacto sobre el territorio y más carga demográfica. No sería ésta en todo caso una solución definitiva, pero al menos ayudaría a frenar la sangría y a poner un poco de cordura. 

 

La ley de residencia.  Pero en un paraíso fiscal de facto, en un sistema de libre mercado salvaje y sin control, en un archipiélago estratégico como plataforma tricontinental que tiene además el mejor clima del mundo con sus fronteras abiertas de par en par, una moratoria turística no va a impedir que siga viniendo gente de todos lados a hacer negocio a Canarias, por arriba y por abajo.

¿Saben que en Tenerife tenemos una densidad de población real de casi 1.000 habitantes por kilómetro cuadrado, una auténtica locura insostenible? Porque si hablamos de sostenibilidad, de sostenibilidad ambiental y humana, y también de sostenibilidad económica, si no queremos convertir Canarias en un Hong Kong o en un Bangladesh (la gente no va de vacaciones a Hong Kong y a Bangladesh), no queda otra que abordar el tema de la demografía en Canarias.Y si nacen pocos niños porque el sistema económico es una mierda, con los sueldos más bajos, el paro más alto, la inflación disparada y la vivienda por las nubes, habrá que hacer lo posible por cambiar este sistema y fomentar que los jóvenes puedan tener un futuro en esta tierra.

Y si la gente sigue llegando de fuera a trabajar, a teletrabajar, a especular, a abrir negocios o a pasar la jubilación de rico centroeuropeo, arrinconando cada vez más al canario hasta convertirlo en una especie en extinción, como ocurre por ejemplo en Fuerteventura, no queda otra que implementar una Ley de Residencia que controle y limite la llegada masiva de foráneos al Archipiélago. Y si nos vienen con el cuento de que la Constitución no lo permite, habrá que ir a Madrid a recordar a los que mandan por allí que la Constitución la cambiaron hace unos años en su artículo 135 sin preguntar a nadie, o a decirles que si hay comunidades históricas que tienen privilegios forales y hacienda propia, ha llegado el momento histórico de que Canarias tenga también un estatus especial.

Y si nos vienen con el cuento de que Europa no lo permite, habrá que decirles a los de Bruselas que ya hay territorios europeos con estatus especiales y a nosotros nos va la vida en ello, recordándoles de paso que Canarias cuenta ya con alguna medida proteccionista avalada por la  UE, como el AIEM, ese arancel o gravamen a los productos que vienen de fuera vigente desde 2002, pensado para favorecer a los productores locales aunque en realidad no sirve más que para hacer la compra más cara a los canarios. Pero si hay excepciones legales a la Mano Invisible para proteger a los productores canarios, ¿por qué no proteger también a los canarios y a Canarias entera?   

 

La progresía. Imagino que muchos de ustedes ya saben que algunos colectivos en Canarias andamos desde hace unas semanas trabajando en una iniciativa a modo de manifiesto, donde planteamos la urgencia de la ley de residencia, como la moratoria o la ecotasa, además de otras tantas medidas en favor del derecho a la vivienda.

El asunto es que cunde entre nosotros la certeza de que este es el momento, porque nunca antes Canarias había sido atacada y vendida como lo está siendo ahora,y vamos ya por 64 colectivos de todo el Archipiélago, con mucho entusiasmo por seguir creciendo. Y de repente nos encontramos con cierta parte de la progresía tinerfeña en contra que, escondiendo animadversiones antiguas, nos presenta un supuesto purismo utópico, proletario y anarquista que dice que desde la prehistoria los trabajadores pobres han migrado por el mundo como han querido y así debe seguir siendo, y por tanto nuestra ley de residencia que limita y controla los flujos poblacionales es una medida xenófoba o racista.

Curioso que mucha de esta progresía que nos critica sea también la que lucha -muy bien por cierto- contra la destrucción de nuestro medio ambiente, por una Canarias más sostenible. Sorprendente que piensen en una Canarias más sostenible plantando cinco árboles en vez de tres, pero se olviden del vector demográfico en la ecuación de la sostenibilidad para acabar llamándonos xenófobos y racistas, tergiversando y retorciendo la realidad a su interés, cuando saben que el problema de superpoblación creciente que sufre Canarias viene del norte rico, de Gibraltar hacia arriba, no del sur pobre.

Y en todo caso si hay que regular también la llegada de trabajadores y migrantes pobres, siempre será mejor que vengan de forma controlada, sabiendo en qué van a trabajar, por cuánto tiempo y dónde (cómo hacen los canarios que van a Holanda, mi hijo entre ellos), a que vengan en avión como falsos turistas o en cayucos jugándose la vida, para permanecer aquí en la clandestinidad durante años expuestos a que los exploten y esclavicen, malviviendo en pisos patera, formando guetos, para enriquecer a los de siempre y aumentar una ya de por sí notable economía sumergida. Pues sí, es absurdo, y es de locos, pero Tenerife es así, y contra esto también tenemos que luchar.

¿Desmoralizante verdad? Pero nos duele, nos duele mucho Canarias, y por más barbaridades que nos llamen no vamos a parar. 

 

Eloy Cuadra, escritor y activista social.