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15:56h. miércoles, 16 de junio de 2021

¿Cuánta corrupción puede soportar Canarias?

Conocida es la relación directa que hay entre el nivel de corrupción de un país y sus índices de pobreza, basta para entenderlo con mirar algunos estados fallidos de Sudamérica o a buena parte de los africanos, donde habitualmente mandan oligarquías codiciosas y sátrapas podridos hasta la médula, cuando no regímenes militares, monarquías ineptas o hasta los mismos cárteles criminales, favorecidos casi siempre por las poderosas economías extractivas de las grandes potencias, necesitadas de la corrupción para expoliar en su beneficio. En el otro extremo podríamos situar a los países del centro y norte de Europa, donde el capitalismo presenta su cara más correcta, gracias en parte a un nivel educativo y de conciencia cívica mucho mayor de la población, que apenas permite excesos o corruptelas en su clase política. Y ya lo vemos, en estos últimos países la pobreza es minoritaria, casi testimonial, nada que ver con lo que sucede en Sudamérica o África.

Y bien, en esta clasificación improvisada entre muy corruptos y poco corruptos, ¿dónde situaríamos a Canarias?

Siento decirlo pero estamos bastante más cerca de nuestros hermanos africanos y sudamericanos, cuestión geográfica supongo, o cultural, y a los datos nos remitimos: el otro día leía que tenemos un 62 % de paro juvenil en Canarias, la misma cifra que en la Franja de Gaza, creo que sobra darle más vueltas. Y la siguiente pregunta es: ¿cuánta corrupción podemos llegar a soportar en Canarias, especialmente ahora, cuando las cosas se han puesto tan duras?

Porque si lo miramos en perspectiva, en Canarias siempre hemos tenido corrupción muy por encima de la media nacional, pero el dinero ha entrado a borbotones en las últimas décadas producto del boom turístico y los fondos de desarrollo regional, eso y una población habitualmente mansa y conformista hicieron posible estos niveles de corrupción escandalosos. No nos importaba tener a una clase política muy poco preparada, caciquil, trepadora, populista o servil con la metrópolis.

Teníamos una sanidad que daba pena, vendida a unos cuantos empresarios del sector, tampoco importó, la gente no decía nada. Política fiscal, no pusimos mucho interés, teníamos la RIC, la ZEC y otros tantos instrumentos fiscales para que los ricos no pagaran impuestos, y casi un 30% de economía sumergida para que los más pobres tuvieran al menos las migajas. Educación, tres cuartos de lo mismo, a la cola en informes PISA, los primeros en fracaso escolar, con una escuela segregada a favor de la privada y la concertada, los pobres con los pobres... ¡claaaro!  Y cuando arrancó la ola privatizadora quisimos ser los campeones en esto, y ya casi lo hemos privatizado todo, desde las telecomunicaciones y otros servicios tecnológicos, pasando por los servicios de saneamientos, abastecimientos, aeropuertos y también todo lo referente a los cuidados, ya sean centro de menores, comedores escolares, geriátricos o centros para acogida de animales, todo está privatizado, y es más caro, en la comunidad autónoma más pobre, y es peor el servicio, en la comunidad autónoma más necesitada de esos servicios.

En este punto alguno dirá: "esto no es corrupción política es simplemente mala gestión". Y así sería si no fuera por un pequeño detalle, y es que sus señorías sabían perfectamente lo que estaban haciendo, han sabido siempre a qué empresarios favorecían y dónde se encontraba el beneficio de retorno, ya fuera por el famoso porcentaje o por la red clientelar que iban haciendo más y más grande. Y cuando esto sucede, cuando hay dolo, alevosía y nocturnidad, olvídense de mala gestión, mejor llámenlo corrupción. 

Pero si de corrupción canaria hablamos no podemos dejar de hablar de la madre de todas las corrupciones por estas latitudes, la que tiene que ver con urbanismo, terrenos, construcciones, propiedades y un sinfín de licitaciones y grandes obras. Pelotazos era la palabra, y nos tragamos Las Teresitas o el puerto de Granadilla, ahora inservible, para beneficio de unos pocos avispados, y tenemos Planes Generales de Ordenación Urbana atascados en unos cuantos municipios, con hoteles ilegales regados por nuestras costas y espacios naturales sin que nadie haga nada, con un tren del sur y otro del  norte en camino, y grandes y costosas obras energéticas y anillos asfaltadores rompiendo más espacios naturales, justo ahora que casi no tenemos turistas. ¿En serio hacen falta? Pero el chollo siempre estuvo en licitar y licitar y seguir licitando, hasta hacer de Canarias una Hong Kong en el Atlántico -como una vez le oí decir a un antiguo presidente del gobierno autónomo-, y si el beneficio de retorno para nuestra corrupta clase política no viene por la red clientelar o por los porcentajes ocultos le viene por una más sutil y disimulada forma de corrupción política revestida de cierta legalidad, las puertas giratorias, y el favorecer desde lo político el desarrollismo urbanístico para luego invertir en lo privado en ese mismo sector con empresas interpuestas, amigas, vecinas, primas y demás relacionadas, procurando disimular un poco el asunto en ocasiones, y en otras no tanto.

¿Quién no recuerda a Manuel hermoso, antiguo presidente del Gobierno de Canarias, con su empresa Prefabricados Maher convenientemente posicionada? Y no hace falta irse tan lejos, apenas hace unos meses supimos que el Supremo ha condenado a 5 años de inhabilitación a Ricardo Melchior por conexiones ilícitas con empresas privadas. Ricardo Melchior sí, quién fuera dueño y señor de la isla de Tenerife durante casi dos décadas, después de tantos años al mando se comprueba que no era muy honesto. Y conexiones cómo estas y otras puertas giratorias que conectan el poder político y el empresarial las veremos por todos lados a poco que investiguemos.

Paulino Rivero por ejemplo, es en la actualidad miembro del Consejo de Administración de una potente inmobiliaria nacional que vende vivienda de lujo en distintos puntos de Tenerife. Y no digo que sea ilegal pero, ¿este señor no era maestro de escuela?, ¡y le cambió la vocación de repente!  Caso aparte las conexiones con el sector privado de algunos cargos directivos de la empresa pública Visocan, de algunos de los que están ahora y otros tantos de los que estuvieron antes, caso aparte por lo poco que se esfuerzan en disimularlo, y así nos va, dos décadas sin promover viviendas sociales y en emergencia habitacional extrema.

Y es que en las empresas públicas canarias ha estado también buena parte del negocio, por eso hay tantas empresas públicas enfocadas al sector urbanístico o similares. Y así podríamos seguir largo rato, pero es hora de ir acabando, porque lo peor de la corrupción política no es solo la corrupción misma, es lo fácil y rápido que se contagia en otros muchos estratos de la población. Y es que la mayoría de la gente sabe lo que se cuece, y lo normaliza, es lo que hay, y muchos acaban haciendo lo mismo en sus respectivas áreas de influencia.

Por desgracia así es desde hace ya bastantes años. El problema es que con la última megacrisis sanitaria cada vez son más las familias canarias orilladas por el sistema que no tienen de donde pillar. Y acabamos así haciéndonos la pregunta que da título a este artículo: ¿cuánta corrupción más es capaz de soportar el pueblo canario? En mi humilde opinión, creo que hace ya algún tiempo que sobrepasamos el límite de lo soportable, y es hora de que vayamos diciendo alto y claro: ¡basta ya!, ¡mándense a mudar!, ¡y que pase la gente honrada!  

Eloy Cuadra, escritor y activista social.