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13:46h. lunes, 24 de enero de 2022

Urgente corregir la anomalía canaria que nos condena

Cierto que anomalías canarias hay unas cuantas, empezando por la que tiene a buena parte de la población pobre o en el límite, a la cabeza del país, y somos también una de las comunidades con mayor número de ricos, entre las cuatro primeras, con el 0,3% de la población amasando la mitad del producto interior bruto de las Islas. Otra anomalía, que seamos la comunidad que más aporta al Estado por turismo de toda España, y que no consigamos que buena parte del dinero que llega a Canarias se quede en las islas.

Como estas dos anomalías graves hay otras tantas, pero hoy quiero centrarme en una anomalía primigenia, más antigua, que está posiblemente en el origen del resto de anomalías y desigualdades que sufrimos en el Archipiélago.

Me estoy refiriendo al contrasentido que supone que siendo Canarias la tercera comunidad con el sentimiento nacionalista más arraigado, solo por detrás de Cataluña y País Vasco, con un 35 % de la población canaria que solo se siente canaria y más del 50 % compatibilizando a Canarias con España a igual nivel, sea imposible conformar un movimiento sociopolítico fuerte, propiamente canario, de izquierdas, claramente de izquierdas, republicano y con vocación independentista. 

Basta para entender la magnitud de la anomalía con fijarse un poco más en lo que hacen en Cataluña y País Vasco, dos comunidades donde sí existe este movimiento sociopolítico fuerte con amplia representación en sus parlamentos y muchísimo arraigo entre la población, gobernando incluso en la Generalitat de Cataluña y en muchos ayuntamientos en ambas comunidades.

Consecuencias directas o no de este arraigo de las izquierdas independentistas en Cataluña y País Vasco: las culturas catalana y vasca están a salvo, se cuidan sus lenguas y sus tradiciones, gozan de cierta autonomía política, presionan mucho a las instituciones del Estado para conseguir cosas para su gente en materias tan importantes como son las infraestructuras, la fiscalidad o el bienestar social, entre otras, y, quizá lo más importante, los catalanes y los vascos tienen una fuerza sociopolítica que los va a defender frente a los embates y atropellos del capitalismo al que habitualmente se venden los partidos nacionalistas conservadores del tipo PNV o CIU, o frente a las renuncias y traiciones a las que acostumbran los partidos con sede en Madrid.

Estas fuerzas de izquierdas autóctonas ejercen de contrapeso, y evitan que el capitalismo salvaje arrase en Cataluña y País Vasco. Pero esta fuerza autóctona de izquierdas tan necesaria no existe en Canarias, siendo sustituida por las sucursales habituales del tipo Izquierda Unida o Unidas Podemos, o por movimientos políticos tan blanditos y lamentables como el Si se Puede.

Daría para mucho ahondar en el origen de esta anomalía, de la que en cualquier caso también yo tengo mi propia opinión, y es que después de tantos siglos de sometimiento, aculturación y arrinconamiento de todo lo que sonara a canariedad, el común de los canarios tiene un muy bajo concepto de sí mismo como actor social, y acostumbra a pensar que los canarios pueden hacer muy poco por sí solos, necesitando casi siempre de alguien externo que le guíe, le enseñe o le diga cómo hacer las cosas.

Esta es mi opinión, pudiendo estar equivocado, sobre todo por reduccionista, dado que la realidad a menudo es más compleja.

En este punto alguien dirá: ¿por qué no hay movimientos sociopolíticos independentistas de izquierdas en Canarias y sí hay partidos nacionalistas de derechas del estilo de Coalición Canaria? La respuesta es clara: partidos como Coalición Canaria no guardan el más mínimo atisbo de rebeldía u orgullo de ser canario, y en absoluto se les ocurre molestar un mínimo a los poderes económicos o al poder central, y así, pegadito al poderoso, es evidente, es mucho más fácil prosperar.

Así las cosas, el canario de izquierdas habitualmente ha optado por las sucursales de izquierdas, bien engañado por la izquierda falsaria del PSOE, igualmente engañado por los cantos de sirenas de partidos nuevos como Unidas Podemos, tristemente ideologizado por sucursales antiguas como Izquierda Unida, o atraídos por movimientos de aquí del estilo de los suaves del Si se Puede o escisiones como Nueva Canarias. ¿Y qué nos ha traído optar por estas soluciones políticas en las izquierdas?  

Con respecto a los sucursalismos -me refiero al PSOE, Izquierda Unida y Podemos- nada que rascar, en estos partidos impera la jerarquía, la realpolitik, la verticalidad, y un sinfín de intereses espurios interconectados donde siempre prima lo que interesa en Madrid, que casi nunca coincide con lo que interesa a los canarios. Si no son sucursalismos -me refiero ahora al Si se Puede y otros por el estilo- lo que impera es el acomplejamiento habitual, y falta el coraje, y faltan los arrestos necesarios para apuntar a los verdaderos culpables, y rápido se entregan o venden su alma al primer diablo que llega. 
 

Si me han seguido hasta aquí y comparten, aunque solo sea en parte, el groso de los argumentos que planteo, convendrán conmigo en que es necesario, es oportuno y es también urgente apostar por una vez por esta opción genuinamente canaria, al menos por aquello de intentar no seguir repitiendo siempre los mismos errores que no nos llevan más que a aumentar nuestras desgracias.

Una última cosa, a los que piensan que es posible desarrollar aquí partidos sucursalistas como Izquierda Unida o Unidas Podemos, olvidan que Canarias está a 1.500 kilómetros del resto de España, que somos unas islas africanas con un sinfín de diferencias y particularidades que hacen imposible que se nos apliquen aquí las mismas decisiones, normativas y legislaciones que al resto, que sí comparten geografía, economía, política y cultura, en su mayoría.

Huelga decir por tanto que necesitamos una voz política propia, rebelde, valiente y libre, que defienda de verdad a este Archipiélago y a sus gentes. Antes de que me pregunten les diré que algo se está moviendo ya en Canarias en esta línea. Aún no sé el camino que va a tomar, confiando en todo caso en que no repita errores pasados, pecando de resentimientos ancestrales, desprecios arraigados, nostalgias históricas, purismos de sangre o urgencias independentistas.

En mi opinión, otra vez en mi opinión, y a pesar de lo dificultosa de la empresa, creo que un camino mínimamente viable pasa por trabajar desde la base, en la calle, con los canarios que peor están que no son pocos por cierto, luchando por los derechos sociales perdidos contra la corrupción generalizada que infecta a nuestras instituciones, convenciendo a los canarios de que el canario sí puede, olvidando los reduccionismos excluyentes y poniendo la independencia como referente lejano y aspiración futura, tal vez para dentro de muchas décadas, para cuando el canario se haya despojado de ese complejo de inferioridad grabado a fuego y hayamos logrado en ese tránsito algunos o muchos de los espacios de autogobierno que aún no tenemos. 

Eloy Cuadra, escritor y activista social.