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16:31h. sábado, 08 de mayo de 2021

Alborotadores

La crispación política está a la orden del día, por parte de casi todos los representantes públicos, animada desde la cúpula de los distintos partidos políticos y diseñada escrupulosamente para sacar réditos electorales. Parece que todo vale y no hay freno alguno, para convulsionar la tranquila convivencia ciudadana, que sería lo conveniente y además, aconsejable ahora que estamos sufriendo una situación complicada, como consecuencia de la crisis sanitaria.

Se ha impuesto el frentismo por intereses ideológicos, la falta de diálogo por no tener voluntad de buscarlo o el insulto permanente de unos contra otros y todos contra la humanidad. Es un verdadero espectáculo deleznable, que retrata perfectamente a quienes lo promueven, incapaces de dar razonamientos y sobrados a la hora de poner sobre la mesa injurias injustificables. Los que tendrían que ser ejemplares o por lo menos, esa es una de sus misiones, al ocupar cualquier cargo político, en su gran mayoría son impresentables.

Están trasladando a la sociedad, intencionadamente, la irritación generalizada y lo que es peor, una polarización irresponsable, de dividir en dos bandos irreconciliables, a quienes piensan de manera diferente, haciéndolos contrapuestos y enfrentados. Todo por estrategias personales, ideológicas, partidistas, con el único afán de mantener   el poder o conseguirlo, ya que viven de eso y no saben hacer otra cosa. Son verdaderos sueldólogos de la cosa pública, aprovechándose de altos sueldos, dietas gratificantes, viajes gratis en primera y otras dispensas asociadas al poder. Lo que está pasando en la campaña electoral para las elecciones en la Comunidad de Madrid es bochornoso y un ejemplo de lo que decimos al máximo grado de expresión. Es como si todos pusieran en práctica el aforismo del militar prusiano Carl von Clausewitz, “la mejor forma de defensa es el ataque”

Ese estado de nerviosismo perpetuo genera de manera indefectible una atmósfera de enfrentamiento persistente, donde gana la discusión frente al sosiego que hay que tener, para solucionar los problemas que necesitan una pronta respuesta.  Se quiere utilizar la irritación como un modo de resolución de los conflictos políticos, que no es nuevo en la historia y es bastante conocida esta táctica chulesca, como forma de atraer la atención, sobre todo, en las minorías o cuando a los partidos o a los lideres no les van cosas bien.

Es sencillamente buscar el protagonismo, porque de otra manera pasarían desapercibidos. Ante esta locura mediática, de algunos y algunas, que propician este malestar generalizado, recurriendo frecuentemente a la historia reciente de España, es esperanzador lo que dijo Salvador Espriu, poeta, dramaturgo y novelista español, “al iniciarse la guerra civil, yo me sentía republicano y partidario del concepto de una España Federal. Por tanto, no deseaba entonces, ni deseo ahora, el enfrentamiento sino la concordia. Sufrí mucho, espiritualmente, porque sufrí por ambos bandos “.

Desde la sociedad civil hay que exigir más responsabilidad a los que gobiernan y a los que están en la oposición, para que se dejen de buscar su propio interés y que piensen en los demás, aunque con la categoría humana, egos superlativos y escasa capacidad profesional que demuestran los políticos actuales, tan distintos a la caballerosidad y saber estar de los políticos de la Transición, es una verdadera utopía pensar que puedan hacerlo. Esas ganas de figurear y de obtener lucro como sea, por todos lados y en cualquier lugar, sobre el tema que fuera, importante o baladí, está llevando a nuestro país a la quiebra económica y a la ruptura social. Aumentando dolorosamente las colas del hambre, la desaparición de miles de pymes, microempresas y autónomos, así como la desesperación de los desempleados. No tienen vergüenza, ni perdón. 

Oscar Izquierdo