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17:47h. sábado, 18 de septiembre de 2021

Alcaldes y Alcaldesas

En Alemania se contaba una anécdota, parece que veraz, de un cura que estuvo casi toda su vida ejerciendo su labor pastoral en un mismo pueblo. Cuando ya era mayor y llegó su edad de jubilación, los parroquianos le prepararon una fiesta, para agradecerle todo el bien que había hecho, a lo largo de tanto tiempo. Al final del convite, ya todos alegres, empezaron los discursos y uno le preguntó ¿por qué en las homilías siempre decía lo mismo, año tras año? y el sacerdote, socarrón, mirando a todos y con una leve sonrisa respondió, “porque ustedes siempre se confesaban de las mismas cosas, una y otra vez”. Pues esta anécdota, nos sirve para volver a mentar la problemática que pasamos los ciudadanos, los empresarios y los políticos, con una administración pública que no sirve y necesita urgentemente un cambio para modernizarla, actualizarla a los nuevos tiempos y hacerla más productiva, como mínimo, al nivel de la iniciativa privada, que funciona con rapidez, eficiencia, operatividad y resultados comprobables y además medibles. 

La situación se hace, cada vez, más insoportable, para cualquiera que tenga una iniciativa fecunda, porque tropieza irremediablemente con ese muro insalvable, que es una burocracia empoderada, que todo lo para, destruye y desgraciadamente, parece qué es la que gobierna, desplazando a los responsables públicos, que no pueden con ella, no quieren, no saben o no tienen gallardía para gobernar o exigir, que es, para lo que han sido elegidos democráticamente. 

Es típico y además asumido con resignación, poner pegas por doquier, dilatando plazos de resolución, parando inversiones, pequeñas como millonarias, por caprichos o interpretaciones personales, ya que, a algunos empleados públicos, les da lo mismo, porque cobran igual a final de mes, hagan o no hagan. Esta realidad es sangrante, se sufre con indignación y enfado generalizado. Se denuncia una y otra vez, para que todo siga igual. Nadie toma cartas en el asunto, se anuncian medidas, se hacen proclamas, tímidamente se acomete alguna renovación, pero como si fuera en secreto para no molestar, también se presentan a bombo y platillo, planes de modernización, que sólo se quedan en el papel o mejor dicho, en el ordenador, eso sí, con pictogramas bonitos y de colores, pero sin rendimiento alguno.

No conozco a ningún político que no quiera hacer nada, eso no significa que haya vagos, que en esta vida hay de todo, pero lo normal, es que quieran emprender actuaciones significativas, resolución de problemáticas económicas o sociales y asistir a alguna procesión o evento deportivo. Incluso más de uno, pretende pasar a la historia, haciendo alguna obra emblemática, para que siempre se le recuerde, como prócer del lugar que gobernaba. Pero volviendo a lo sustancial, no estamos solos los ciudadanos y los empresarios sobrellevando tan estoicamente la maraña normativa, la burocracia paralizante y la ineficacia gestora. Los alcaldes y alcaldesas son también víctimas de este sistema anacrónico, que imposibilita avanzar. Cuando tengo reuniones con los regidores municipales, absolutamente todos, comprenden nuestras reivindicaciones, nos dan la razón y aunque haya alguna desavenencia en cuanto a las formas, tiempos o modos de actuar, se identifican perfectamente con lo que decimos, es decir, que la administración pública no funciona convenientemente, porque ellos mismos, son los primeros que aguantan esa coyuntura perversa, en la mayoría de los casos, sin ninguna capacidad de reacción o posibilidad de cambio, porque la legislación no lo permite. Si todos conocemos el diagnóstico, tendría que ser fácil poner la medicina adecuada, para curar una enferma que no levanta cabeza o mejor dicho, no da pie con bola y es que la burocracia está matando nuestra economía.

 

Oscar Izquierdo

Presidente de FEPECO