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03:01h. jueves, 05 de agosto de 2021

Dignidad para Tenerife

Ya es hora de que, a los ciudadanos de Tenerife, se nos escuche, nos hagan caso y tengan en cuenta nuestras aportaciones, sugerencias, propuestas o ideas, para empujar en la potencialidad de la isla. Somos los que sufrimos el desgate continuado de nuestro terruño, que necesita recuperar su prestigio, autoestima e incrementar la actividad económica, mejorar las ratios sociales e impulsar todas aquellas infraestructuras, que sirvan para vivir mejor. Es apremiante levantar la voz, decir lo que se piensa para mejorar, sugerir para emprender, plantear para ejecutar y exponer con valentía porque, a fin de cuentas, de lo que se trata es de sumar.

 El liderazgo de Canarias tiene que ir impulsado desde las dos islas capitalinas, Tenerife y Gran Canaria, en un exquisito equilibrio, que no provoque reticencias en las demás islas, sino todo lo contrario, unidad estratégica. El Archipiélago es un conjunto físico, con un ordenamiento jurídico autonómico, que nos une e identifica, pero Canarias, se construye desde cada isla, con sus peculiaridades o riquezas, siempre cambiantes y diferenciadas.

Cada persona tiene su forma de ser, pensar, comprender sus vivencias, de relacionarse con los demás y con el territorio que ocupa. En principio y si no hay disfunciones extravagantes, todas las opiniones deben ser respetadas, aunque no concuerden con lo que uno siente o piensa. Para eso está el diálogo, primero como forma de acercarse y segundo como principio de entendimiento. Después, si hay voluntad, se puede llegar al consenso, que es el acuerdo producido por consentimiento libre. Es lo ideal, porque es aglutinador, escogiendo de cada parte lo mejor, para hacer un conjunto con más fortaleza. Por eso, es imprescindible que todos aportemos lo que podamos para mejorar Tenerife. Cada parecer tiene su valor, porque nadie tiene la verdad absoluta, ni tampoco la verdad relativa, que es una quimera. 

Ahora es el momento de atreverse a reivindicar, sin complejos, lo que es oportuno, sin complejos, para nuestra isla, con el fin de asegurar el presente, pero, sobre todo, garantizar un futuro estable para nuestros hijos y nietos, es decir, para las siguientes generaciones, que es claramente el desarrollo sostenible, tan manido y tan poco practicado. Hay que reconstruir, que no es otra cosa sino construir sobre lo construido, que significa modernizar, rehabilitar, reformar, conservar, mantener y actualizar, lo que está anticuado, sin uso, desconchando, para darle una nueva utilidad, incorporando las nuevas tecnologías, la digitalización, la eficiencia energética y la accesibilidad universal. Con todas estas actuaciones, estamos poniendo al día nuestro territorio, porque el progreso es continúo, no es paralizante, sino evolucionado permanentemente, dando mayor comodidad, calidad de vida y bienestar social. 

Tenemos que sentir y hacer valer el orgullo de ser tinerfeño, pero antes se tienen que dar las condiciones necesarias para que sea cierto. Hay que remangarse y poner manos a la obra y no me refiero sólo a la construcción, que es indudable, sino a todos los sectores económicos, que tienen que avanzar en sus actividades, para compendiar un sistema productivo operativo, eficiente y capaz de generar confianza y atraer inversiones. Pero eso significa tener al lado y no enfrente, como sucede actualmente, una administración pública que sirva, con una maquinaria que debería estar engrasada y que, por el contrario, es peligrosamente estéril, indudablemente, hay que ponerle el aceite de la productividad y ya no digamos el matiz de la rapidez.

La dignidad se consigue a base de esfuerzo, incorporando ilusión y ganas, para que Tenerife sea una isla lista para crecer, ahí estamos y seguiremos luchando para conseguirlo, pero que no se olvide, que es misión de todos, responsabilidad colectiva.