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domingo, 21 de abril de 2024 20:14h.

La gente se está espabilando

En Canarias en particular y en España en general, se está produciendo una transformación radical en cuanto a las personas que reclaman, exigen o se manifiestan ante cualquier atropello, abuso o incluso tropelía. Un ejemplo palpable y visual se ha producido en estas últimas semanas, también en todos los países de la Unión Europea, donde los agricultores han salido a la calle, no empujados por los partidos políticos o sindicatos de clase que, por cierto, se están quedando fuera de juego, sino convocados por sus organizaciones civiles y principalmente por el empuje personal, acompañado por la rabia comprensible ante las injusticias que sufren.

 

Otro ejemplo, ha sido la reacción ciudadana ante el cierre del enlace de la TF-5 por Guamasa, que el Cabildo Insular experimentó durante dos semanas y que ahora ha decidido ponerlo por un tiempo determinado, que vaya usted a saber cuánto será. Esperemos que no se eternice como los contenedores o las casas de madera en La Palma, que los políticos y técnicos del momento prometieron que se instalaban para unos meses y ahí siguen tan campantes, como ejemplo de ignominia. 

Que unos vecinos, no importa que sean muchos o pocos, arropados por la Federación de Vecinos de Aguere, se concentraran a las puertas de la Institución Insular, para exigir que no se haga lo que se pretende y encima hayan entregado unas 900 firmas al Diputado del Común en señal de protesta, es un indicio del empoderamiento del ciudadano, cansado, de los que se presentan como sus delegados políticos o sindicales y después  no ejerzan sus funciones reivindicativas según lo que conviene a los residentes, habitantes o pobladores, sino que sólo aparecen, pocas veces por cierto,  cuando lo deciden en un despacho sesudos pensadores, que miran más la estrategia o beneficio, tanto personal como de la entidad, institución o partido político correspondiente, que la mejoría de la calidad de vida o el bienestar social del conjunto.

Es de tan calado la mudanza que se está produciendo, que los que se creían y además ejercían como dueños y señores de la calle, a saber, los fanáticos morados, los verdes lechuga, los rojos puño en alto, los progres graciosos, los comunistas con olor a alcanfor,  los ecosocialistas sandía y los noistas viborina triste, ahora no aparecen por ningún lado y sólo, en situaciones puntuales, lo único que hacen es levantar algún campamento con casetas de campaña, en un folklorismo decimonónico y trasnochado. Aquellas manifestaciones multitudinarias son el pasado glorioso, ya que no se atreven a convocar actualmente, porque no movilizan ni a los escarabajos “pimelia canariensis”. En un acto de autocrítica, que les honra y a la vez los ridiculiza, ahora disculpan esta desafección, diciendo que los tiempos han cambiado y que las reclamaciones se hacen a través de las redes sociales. Han descubierto que es más cómodo, requerir o protestar, sentado en un sofá, que caminando al aire libre pasando frio, aunque sea más ecológico. Porque no es lo mismo ser proletario, por cierto, no estoy seguro de que muchos de ellos conozcan el significado de esa palabra, que miembros de la casta gobernante, donde el lujo con la vivencia de un confort con holgura los ha llevado a un aburguesamiento, del que siempre fueron enemigos y ahora se visten sin rubor.

La inmensa ciudadanía, antes silenciosa, ahora goza ya de suficiente experiencia democrática, haciendo valer las entidades de la Sociedad Civil y su potencialidad, frente al arbitrio o apoltronamiento de muchos políticos que les da alergia la calle. A esta mudanza se llama emancipación, bienvenida.     

  Oscar Izquierdo