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13:43h. lunes, 24 de enero de 2022

La Palma y Tenerife

El año nuevo significa empezar otra vez, recomenzar, que tan buenos resultados da personal y socialmente. Antes de sufrir la terrible pandemia que estamos padeciendo, en estas fechas, todo era alegría, acompañada de esperanzas, porque se veía el porvenir con ilusión y hasta se tenía el propósito reiterado, año tras año, de dejar de fumar. Ahora hay escepticismo, incertidumbre y en algunos casos zozobra.

La inquietud por la compleja situación sanitaria lleva consigo, aflicción por tantos negocios, empresas o proyectos, que se han quedado en el camino, sepultados, no por una mala gestión, sino por causas sobrevenidas.

Las expectativas, por muy triunfalistas que las presenten los políticos, que juegan su papel de siempre, es decir, alejados de lo que siente o padece la ciudadanía verdaderamente, son cuando menos inquietantes, porque no hay seguridad de nada, el recelo es justificado, porque el desasosiego es real en el conjunto de la ciudadanía. No se trata de ser pesimista, pero tampoco, caer en el populismo optimista, sino plantear la realidad tal cual es en sí misma.

La Palma, tiene que comenzar su reconstrucción, económica, social y anímica, de una población que ha sufrido una verdadera tragedia y de un sistema productivo tremendamente dañado. Ya se han ido las televisiones, las cámaras, las fotos para figurear, ahora viene lo trabajoso, lo que cuesta y eso son palabras mayores: seriedad, responsabilidad y cumplimento de las promesas realizadas, en los momentos álgidos de la erupción, cuando los sentimientos de los palmeros estaban verdaderamente dañados y podían ser muy influenciables. 

Ya no valen los viajes propagandísticos, los fondos económicos tan alegremente anunciados o los mensajes de apoyo y solidaridad, que no pasaban de ahí. Es el momento de hacer, ejecutar, es decir, de hablar menos y ponerse, de una vez, manos a la obra. Hay que demostrar que existe una Administración Pública, capacitada para hacer frente a una situación de perentoria celeridad. Ojalá que nos equivoquemos, pero la experiencia nos hace temer que todo se va a ir complicando cada vez más, los trámites burocráticos se eternizarán, sin llegar a resolverse en tiempo y forma. La Función Pública canaria no cuenta con la musculatura suficiente, para ejercer de piloto dinamizador, al contrario, se convertirá en el muro infranqueable de siempre, que todo lo para, estorba y pudre.

Los enfrentamientos competenciales entre las distintas administraciones territoriales florecerán al máximo. Las peleas entre políticos y partidos se recrudecerán, porque antepondrán sus intereses electorales, a lo que es lo oportuno. La Palma saldrá adelante con el empuje, el tesón y la rabia de los palmeros, que seguro y así lo esperamos, exigirán lo que les corresponde, por justicia y dignidad.

Tenerife seguirá un año más colapsada, atascada e inmovilizada, con las colas diarias en nuestras carreteras, que se han hecho tan familiares, que cuando algún día, por el azar, hay fluidez en el tráfico, nos asombramos tanto, que parece que vivimos en la isla hermana de Gran Canaria. Mientras no se concluya el Anillo Insular, con la incorporación de la Vía Exterior a Santa Cruz- La Laguna y las demás vías prioritarias, la isla seguirá desvertebrada, divida en tres zonas, abatida económicamente, perjudicada socialmente. Los caprichos egocéntricos de algunos políticos tinerfeños, unos gobernando y otros en la oposición, que no ven más allá de sus narices, son los culpables del estado calamitoso en que está Tenerife, convirtiéndola en la séptima isla menor de Canarias.

Para revertir esta situación hay que tener osadía, pero tristemente, en la isla, hay demasiada gente calladita, en el ámbito económico o social, donde el pesebrismo supera a la dignidad.  

Oscar Izquierdo

Presidente de FEPECO