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08:31h. viernes, 17 de septiembre de 2021

Lucha Canaria

Es difícil encontrar una palabra que defina exactamente lo que ha pasado en Tenerife durante las últimas décadas, lo que sucede actualmente y el futuro nada halagüeño que se prevé, debido al abandono sufrido, intencionado, traicionero o aceptado como mal menor; a la escasa o tímida reacción, que no se ve por ninguna parte y si la hay, es tan débil, que pasa desapercibida y a ese conformismo derrotista o interesado, que parece que le gusta quedarse como está, porque puede que haya ganancias, económicas o políticas, que es preferible no menear.

En cambio, es apremiante que la isla cambie de rumbo o mejor dicho, coja un derrotero que la lleve a ponerla en el sitio que nunca debió abandonar. Es sintomático, que cada vez que se habla en estos términos, enseguida salen los de siempre, esos puristas redomados y por supuesto, bien conocidos; estómagos agradecidos, lisonjeros, que son la voz de su dueño, para machacar al que osa moverse y salir de la foto oficial y despectivamente descalificarlo como “insularista”. Es como si celebraran un conciliábulo, para detener lo más rápido posible y así evitar su propagación en la ciudadanía, el tamaño atrevimiento de querer cambiar la dinámica perdedora de Tenerife, por otra, que la vuelva a poner en el liderazgo regional que le corresponde, porque si sucede, se pone en peligro la estrategia llamada regionalista, donde sólo cabe la capitalidad y preponderancia de una isla, sobre las siete restantes. 

Dicho lo cual, uno se queda más tranquilo, relajado y bastante desahogado. Cuando se van cumpliendo años, la experiencia de la vida, que como le decía Don Quijote de la Mancha a su escudero Sancho “paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas”, permite tener una visión histórica, además de una comprensión, más allá de lo que se ve a primera vista. Me decía hace unos años un empresario: “esto es tan pequeñito, que para para lo bueno o para lo malo, aquí nos conocemos todos”, una verdad irrefutable. Se han impuesto, sobre todo, intereses ideológicos y partidistas, especialmente de la progresía, dícese Podemos o Nueva Canarias, que en Tenerife dicen NO y en Gran Canaria dicen SI, para mantener y perpetuar, la primacía económica en vigor.  La táctica ha sido y continúa, en parar todo en una isla y favorecer cualquier iniciativa en la otra. Incluso, no tienen desparpajo para decir, que con la misma Normativa se aprueba allá, lo que aquí se rechaza. 

Se ha llegado al límite del aguante, hay que despertar de esa amnesia, que ha dejado que todo se desarrolle, bajo un plan perfectamente planificado y ejecutado desde hace muchos años. A las pruebas nos remitimos, carreteras al nivel más exigente de cualquier país avanzado de la Unión Europea en una isla, en contraposición a las colas, atascos e inmovilización permanente que padecemos en la nuestra, con una red viaria deficiente, insuficiente e insegura. Un puerto de referencia, con mucha luz, para acaparar todo el tráfico marítimo internacional que pase por el Atlántico medio, a partir de pocos años, dejando al nuestro como secundario y sufragáneo. Un aeropuerto internacional con una terminal eficiente, moderna y de última generación, donde se han invertido muchos millones de euros, en un sitio, en contraste, con la terminal del Aeropuerto Tenerife Sur, innombrable e impresentable, aunque siendo benignos, la podríamos calificar de cochambrosa. Si seguimos, escribiríamos una Enciclopedia. Ahora están parando, con mucha diligencia, lo cual ya es raro en la administración canaria y da mucho que pensar, todas las iniciativas, proyectos e inversiones, tanto públicas como privadas, que quieren ponerse en marcha en Tenerife.  Como en la Lucha Canaria, caracterizada por su habilidad o nobleza y haciendo un símil, estamos en plena brega y todavía no nos han tumbado, nos mantenemos de pie.

Oscar Izquierdo

Presidente de FEPECO