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martes, 23 de abril de 2024 00:00h.

Restar

Se acaban de celebrar las elecciones autonómicas en Galicia y fuera de cualquier otra consideración, que podrían ser muchas, ha llamado considerablemente la atención, el escaso apoyo a Yolanda Diaz, vicepresidenta del Gobierno de España, líder del Movimiento Sumar, que se autodefine textualmente como “el instrumento para confluir con todas quienes compartan el horizonte de país. Se trata de escuchar, dialogar y construir juntas un proyecto ciudadano para la próxima década”. Además, poniendo también como premisas la “escucha, diálogo, ilusión, esperanza, futuro”, ya que quieren “organizar la esperanza para que el nuevo país se abra paso” porque según ellos, de lo que parece que están convencidos, es que “podemos ser un país con trabajo decente y mayor igualdad, líder en una transición ecológica justa y vanguardia feminista y del conjunto de derechos y libertades. Podemos ser un país del cual estar orgullosos”. 

 

Todo muy bonito, es más, bucólico, sus principios anteriormente descritos se parecen a una composición poética, que trata de modo idealizado la vida pastoril. Nunca mejor dicho, porque estos populismos demagógicos y profundamente engañadores son verdaderos creadores de una sociedad aborregada, sumisa, dependiente, subvencionada, pagada y pobre. Allí donde han triunfado, inmediatamente aparece la miseria moral, la estrechez económica, la carencia de alimentos, la escasez de medicinas, la falta de libertad, la indigencia ciudadana, la necesidad vital y en general, una penuria dramática. Tenemos el ejemplo de Venezuela, que tan cerca la tenemos en el corazón y que nos duele hondamente lo que ha pasado, le sucede y que, a corto plazo, no tiene visos de cambiar. 

 

Yolanda Díaz, nacida en Fene,  La Coruña, anteriormente de profesión abogada laboralista y ahora máxima representante de la casta gobernante en el tramo de la “extrema izquierda”, (aunque escribir esta expresión actualmente en este país parece que es pecado, porque se ha borrado intencionadamente tanto de los medios de comunicación, como de la nomenclatura política, aceptando con normalidad sus planteamientos ideológicos radicales, normalizándolos como si fueran aceptables sin discusión y además pintándolos de provechosos), no ha sido profeta en su tierra, porque ha tenido un batacazo electoral que demuestra que donde la conocen, se alejan de ella, ¡por algo será!. Siendo tan locuaz, mantiene un silencio sepulcral, comentándose en los corrillos políticos o tertulianos, que su partido político, movimiento o lo que sea, porque ni ellos mismos saben lo que han creado, intentan aislarla del descalabro del 18 de febrero, con el fin de proteger su liderazgo estatal. Lo más significativo que ha dicho, más no se le puede pedir, es que fue un “mal resultado” sin “paliativos”. 

 

Por cierto, no sería justo olvidar a los morados de Podemos, que otra vez no han podido, diluyéndose una vez más en el fracaso más estrepitoso, donde no han llegado ni al 1% de los votos en términos porcentuales, siendo superados por el partido político PACMA, Partido Animalista con el Medio Ambiente. Podríamos estar calificándolo, con total acierto, como descalabro. Es bueno recordar, que en las últimas Elecciones Autonómicas y Locales del año pasado en Canarias y especialmente en Tenerife, los ciudadanos echaron textualmente a los populistas, noistas y ecosocialistas de las principales instituciones, fuera del Parlamento Regional, del Cabildo de Tenerife, del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y de algunos ayuntamientos donde había perdido algún que otro concejal o concejala, como les gusta denominarse. 

 

Al final se demuestra que el populismo, en su acepción más fiel al término según la Real Academia de la Lengua Española, que lo define como “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares” es un fiasco que ya no engaña a nadie.          

Oscar Izquierdo