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lunes, 15 de julio de 2024 13:03h.

Cuestión de dinero

El dinero es la medida de todo. La atención a un menor inmigrante, no digamos cuando son miles, vale en función de su utilidad como arma arrojadiza en el circo político. Si la cantidad se vuelve insoportable, entonces alguien tendrá que pagar lo que cuesta mantenerlos vivos. Seamos agradables personas de raza blanca que se preocupan por la dignidad de los exóticos negritos, esos nadie que copan titulares y fotografías premiadas. Y vendrán más por la ruta canaria, el viaje que desemboca en la muerte o en un muelle de la ultraperiferia europea.

Toca esperar que la solidaridad inter territorial tome cuerpo y que la distribución del género se haga de forma equitativa, acogerlos, escolarizarlos e integrarlos en nuestra bien amada sociedad, o enviarlos a cualquier paraíso hecho de barrios marginales. Fletamos aviones y le encasquetamos el problema a otro, lo ideal es hacerles pruebas y quedarnos con los más inteligentes y con los que jueguen bien al fútbol por supuesto, los nacionalizamos y algún resto servirá como mano de obra barata.

Mientras tanto, no hay dinero en las autonomías para semejante despiporre poblacional, el gobierno debe aprobar la financiación y que el buenismo del que niega ser racista clasista duerma con la conciencia tranquila frente al egoísmo de los que se reconocen xenófobos amantes de alambradas y muros.

El índice bursátil de la hipocresía fluctúa según lo molesto que resulte tropezarse en la calle con un grupo de pibitos provenientes del planeta África. Acaso el miedo gratuito a que roben y violen, o esa conmiseración sincera pero falsa, si, espérate, que van a invadirnos.

El inmigrante con dinero es distinto porque es una persona, su piel no huele a pobre, y no veo mal que lo dejen hacerse socio del club, trae riqueza, y sus hijos tienen amigos normales. Cuestión de dinero.