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lunes, 22 de abril de 2024 22:34h.

El mito del macho...

Para una mujer, el término empoderamiento tiene que ver con sentirse más fuerte y menos vulnerable. Por contra, el hombre nunca reparó en su posición de dominio. Por eso, cuando lo aprendido en casa y puesto en práctica con la novia o la parienta se vuelve dudoso, si resulta que ese lenguaje normalizado que hablamos entre nosotros no es correcto, si encima la costumbre de aquello que se intenta o se hace en el lugar de trabajo es delito, y si ahora sales por ahí con los amigos como siempre hiciste, pero incurres en actitudes ofensivas o directamente catalogadas como acoso o agresión sexual, entonces es que no has entendido nada de lo que ocurre.

En la infinidad de series y películas dirigidas e interpretadas por mujeres y en las letras explícitas del reguetón feminista, aparece indefectiblemente un claro deseo de autoafirmación. Sin ambages, todas somos ella, no necesito a un tipo como tú para realizarme, elegimos como queremos que sean nuestros orgasmos, vuelvo a estar soltera y tan a gusto, hermana yo sí te creo, se acabó. Y el macho, confuso, que busca la complicidad de sus congéneres y también la de alguna amiga a la que tampoco le gustan las continuas reivindicaciones del colectivo lgtbiq+ y el colmo de escuchar a una mujer que confiesa estar arrepentida de haber sido madre.

Esto ya pasa de castaño oscuro, a dónde vamos a parar con las feminazis y la destrucción de nuestros valores. El castillo se desmorona, el rol tradicional del hombre que no tenía que realizar tareas domésticas ni participar tan activamente en la crianza de los hijos. Jefas en altos cargos de empresas y en política, lesbianas o bisexuales liberadas, deportistas con dos ovarios que han decidido matar el mito y poner patas arriba el negocio machista del fútbol.