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lunes, 22 de abril de 2024 23:06h.

Esos morenos

Cayuco Hoerro AAycI1

Arriban al Hierro unos extraterrestres de piel oscura. Saltan como pueden de su nave espacial, llegan agotados y con la soledad de los que nacen destinados a provocar incomodidad. El frenesí informativo habla de ellos (y ellas) como si comprendiéramos el miedo y la desesperanza que desgarran su sueño. Caen, se arrastran, algunos han muerto ahogados, pero a quién le importa el número.

Los atienden, clasifican, dividen y reparten. En el barco rumbo a Tenerife van vigilados por la guardia civil, apelotonados en proa y vestidos con la ropa seca que nos sobra. Nadie los quiere, al menos no aquí, que se vayan, que los metan en un avión de vuelta, o a la península para que sigan su camino hasta algún barrio marginal del planeta Europa.

Quizás sirvan, hasta podrían trabajar, y los menores estudiar en colegios públicos mezclados con nuestros hijos, mejor si son pocos, que no se note demasiado, no vayamos a tener problemas de convivencia y altercados como ocurre en Francia. Son mano de obra interesante en nuestra envejecida sociedad, eso sí, los preferimos jóvenes y fuertes, que cobren poco y no protesten, que en la casa del rico el pobre ha de quedarse pobre y callado.

Entonces, aprovechan que el mar está echado y llegan en oleadas, como un ejército de cadáveres que aspiran a revivir en el futuro de otros. Lejos quedó la tribu, la familia, la rabia, la corrupción sistémica de países expoliados desde dentro por sus élites y desde fuera por los mismos que oponen muros y alambradas metálicas a su indigesta presencia.

Son demasiados, esto es una invasión, se les nota en la mirada las ganas que tienen de violar a tu mujer o a tu hija, malas noticias si los gobiernos no paran esto. Ni hablemos de integración, esos morenos siempre serán morenos.