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lunes, 22 de abril de 2024 23:24h.

Nacionalismo gallego

La incertidumbre global provoca el auge de los nacionalismos locales. En Galicia, la defensa de lo identitario se consolida en la figura de Ana Pontón, una joven mujer gallega, tenaz líder política del BNG y la candidata más valorada en las encuestas durante la campaña. Frente a la errónea lectura en clave nacional que muchos interpretan como la victoria de Feijóo y la derrota de Sánchez, lo cierto es que los votantes gallegos no han acudido a las urnas pensando en la amnistía. Si fuese así, el alcalde de Ourense, un populista llamado Gonzalo Pérez Jácome, no hubiese conseguido nada menos que un escaño, en otra demostración de hasta que punto los localismos se solidifican como frente de batalla contra el poder central, que, a ojos de los electores, baja escalones hasta convertir al propio gobierno de tu región en un enemigo exterior.

El mensaje de Jácome: ´Show me the money´ (enséñame la pasta) quedo fijado en el cerebro de los ourensanos como un Ourense First (Ourense es lo primero), al estilo Trump. No sería descartable que esto ocurra en Canarias, con un presidente Clavijo forzado a emplear un tono aún más agresivo ante los ninguneos del gobierno central, para evitar que Coalición Canaria quede señalada como un nacionalismo blandito.

En el plano gallego, los resultados históricos del BNG, suponen la irrupción de un nuevo jugador equiparable a Esquerra Republicana (ERC), otro futuro aliado de un PSOE debilitado por el desgaste de Sánchez y por el rotundo fracaso de su mediocre candidato, José Ramón Gómez Besteiro.

Replegarse hacia dentro es la opción lógica de quienes eligen a alguien de casa, que vive y sabe lo nuestro, da nosa casa. El PP no debería lanzar las campanas al vuelo. Feijóo sabe que, sin un pacto con los nacionalismos periféricos, jamás podrá gobernar la España asimétrica.