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martes, 23 de abril de 2024 00:00h.

Sí a la guerra

Los señores de la guerra están de enhorabuena, tal es su afán. Como siempre ha sucedido, desde que luchábamos por el sustento, por dominar el fuego y arrebatárselo a las tribus que lo habían descubierto, por imponer cualquier tipo de supremacía. Porque esto nunca ha ido de pobres y ricos, de David contra Goliat, sino de nuestra naturaleza.

Y no se trata solo de un conflicto enquistado entre palestinos e israelíes, de rusos y ucranios, de Irán, China y EEUU, o de lo que ustedes quieran, porque de algún u otro modo, nos concierne a todos.

A aquellos que, a lo largo de los siglos, han construido civilizaciones, inventado dioses, trazado fronteras, que sirven de justificación para masacrar, violar y envilecer aún más la condición humana. Podremos mirar a otro lado, incluso afirmar que la guerra es la continuación de la política por otros medios, pero lo cierto es que no hemos avanzado nada. Eso sí, manejamos unos cacharros tecnológicos súper potentes que evolucionan favorablemente, para recordarnos que los hitos de la ciencia tienen una cara B, como le sucedió a Alfred Nobel cuando se le ocurrió inventar la dinamita.

Ahora tenemos satélites, drones y la sofisticación de la industria militar, un gigantesco y lucrativo negocio. Pero no seré yo quien lance cánticos pacifistas, sé que el buenismo termina donde empieza el yo y lo mío, frente a lo tuyo o lo de ellos. Por eso digo Sí a la guerra, y reclamo la urgencia de acabar con los enemigos de Occidente como primer paso para aniquilar nuestra especie.

Será nosotros o nadie, y acabaremos en nadie. Quizás algunos sobrevivan, y puede que busquen un equilibrio medianamente estable, con una lectura distinta de lo que significan el poder, el dinero y la religión. De momento, la patria y su bandera son sinónimos de odio, violencia y muerte.