"Demasiados segundones ejerciendo de presidentes"

¿Qué desesperación etrusca hemos recibido muchos españoles que nos hemos adscrito al ambiente del "Ole" y la pandereta? Es hora de dejar atrás a esa turba que acompaña la noticia del día, y por qué no decirlo, del año: la "guerra de los aranceles". Los españoles, confiados, hemos creído que este mal llamado rumor no sería más que un eco lejano de la tormenta financiera provocada por el amo Trump.

Es comprensible que no se haya pensado en el gigante naranja de EE. UU. tras haber atravesado casi todo marzo en un continuo temporal, dejando al país a la deriva. Así, la gente no tenía tiempo para más que soñar con vivir en esos pueblos desiertos que tan frecuentemente se publicitan por su escasez de población.

Muchos jóvenes argumentan que quieren mudarse a estos lugares, impulsados por la crisis de bulos que algunos políticos vividores están utilizando para apostar por una confrontación bélica. La vida rural se presenta como una garantía de paz que los jóvenes anhelan; solo falta que la administración facilite el regreso de la vida a esos pueblos.

Sin embargo, la política actual en España cada día pierde más objetividad. Hay demasiados que se hacen llamar presidentes en este Gobierno, cuando debería haber uno solo que actúe como tal frente a sus socios, muchos de los cuales no lo reconocen como tal. Si todos se comportaran como es debido, nos iría mucho mejor. Ya vemos el apoyo que le brinda la ministra Montero, siempre dándole la razón a su postura ideológica, que, por cierto, está muy deteriorada. Avanza en el Gobierno con la máxima de "tiro porque me toca", y si queda algún tema por debatir o al que se le cuestiona, surge la otra parte del Gobierno vampírico, la vicepresidenta Yolanda Díaz.

El problema de figuración que existe es considerable. Estas dos "líderes" que Sánchez alberga como vicepresidentas son una paradoja: una, sabemos, abrazó el comunismo "made in Soraya", y la otra destaca por su léxico "dicharachero". Después de tantas veces escucharlas, entendemos muy bien por qué el presidente las deja a cargo del Gobierno cuando viaja y no puede estar en las sesiones del Parlamento. No obstante, Sánchez debería hacerles un pequeño "catón" para que, en muchos aspectos, estén de acuerdo y no se perciba la distancia en las opiniones respecto a los pensamientos que el presidente quiere imponer en el Gobierno.

María Jesús Montero sigue creyendo que está en la universidad y que permanece en el Gobierno andaluz de antaño, porque tiene más fallos que una escopeta de cañas. Se ha evidenciado que su intención es enfrentar al poder ejecutivo con el legislativo. En cada sesión semanal que presenciamos en el Parlamento, la conducta de Montero se vuelve repetitiva e, en muchos casos, utiliza un léxico que convierte a todos en culpables de los errores del Gobierno de Sánchez, que para ella son considerados aciertos.

En España se dice, y con gran acierto, "Si quieres saber quién es Juanillo, dale un carguillo".