Sánchez apuesta más por lo técnico que por lo político

Como siempre pasa en este «País de María Santísima», llegamos tarde y, la mayoría de las veces, mal. En muchos foros políticos ya circula la pregunta capciosa de por qué Sánchez no ha hecho antes esta remodelación, casi obligada, de un Gobierno que para la gran mayoría de los españoles ha sido nefasto. Muchos de sus ministros han estado a años luz de lo que el país necesitaba, tanto en la gestión de servicios (que ha sido de pena) como en talla política. Tener políticos buenos y reconocidos es un sueño que ya nos merecemos como premio tras esta debacle de mediocridad.

Se especula que el ascenso de Carlos Cuerpo era algo esperado, aunque nadie se atrevía a proponérselo a Sánchez mientras «la Chiqui» ocupara el sillón de la vicepresidencia primera. Ahora, los vociferantes de Sumar no ven con alegría que se haya elegido a un hombre para una vicepresidencia, restando peso femenino al Ejecutivo. Tampoco ven con buenos ojos que el cargo doble que ostentaba Montero (Hacienda y Vicepresidencia) sea ocupado ahora por hombres, con Carlos Cuerpo en la economía y el socialista Arcadi España asumiendo Hacienda.

Respecto al criterio de este movimiento, se entiende que Sánchez debería haberlo hecho mucho antes. Es significativo que se haya decantado por un perfil más técnico con Cuerpo, dejando en evidencia a quienes pensaban que apostaría por más política que técnica. Montero no ha sido una buena ministra de Hacienda y no creo que pueda sentirse orgullosa de su paso por esa cartera. ¿Qué ha hecho por este país, o incluso por su mentor Sánchez, aparte de aplaudirle y hacer muecas de burla a la oposición? Ha sido una absoluta nulidad.

No ha presentado unos presupuestos en condiciones en años; en toda la legislatura solo ha ejercido de «perdonapatrias». Ha demostrado que, de cara al futuro, habrá que tener mejor tiento antes de poner a una política de su perfil en cualquier cometido de Gobierno, ya que ha batido el récord de la desidia torpe y la vaguedad absoluta.

Sánchez ha resuelto las vacantes con celeridad, situando a dos técnicos de solvencia profesional. Eso sí, debería obviar esa frase que en su boca parece maldita: «es mi mano derecha». No hay que olvidar que lo dijo de Ábalos y de Santos Cerdán; mejor sería que guardara silencio, no sea que a Carlos Cuerpo le caiga el mismo «fairo» que a los mencionados. Sánchez juega a dejar en herencia núcleos políticos con control del partido para cuando deje la presidencia. Esta remodelación debería haber llegado antes de que se descompusieran ciertas áreas del Gobierno; habría sido positivo que continuara la inercia del nombramiento de Diego Rubio y el envío de Óscar López a un ministerio. Pero «más vale tarde que nunca».

Al fin creemos que se ha ganado algo: no ver más los gestos burdos, rayando en el fanatismo, que hacía Montero desde su escaño como alfombra del sanchismo. Con esto, Sánchez ha demostrado que las elecciones autonómicas le importan poco; su prioridad son las generales. Por eso ha enviado a Montero a Andalucía donde, como ya la conocen, creemos que se encontrará con un definitivo «de aquí no paso más» en su carrera política.