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04:39h. domingo, 05 de diciembre de 2021
nací
Opinión

QUIEREN CALLARME, PERO NACÍ GRITANDO

La quietud del que no molesta, del que no levanta polvo, porque no hace ni dice nada; aquel que no se sale del camino preestablecido y sigue puntualmente lo que marcan las normas, parece ser, que es el que se beneficia de las prebendas del poder político. Por cierto, que no hacen falta para vivir dignamente. El que mantiene la boca callada, a cambio de vaya usted a saber qué; goza de la predilección o cariño de los mediocres, que necesitan del silencio, para que no se sepa públicamente el desastre de gestión pública que protagonizan. Se trata entonces de amordazar al criterio crítico, al que es capaz de denunciar lo que no funciona, de decir y levantar la voz, clamando por lo que es necesario arreglar. No interesa que se le oiga, porque pone en peligro la credibilidad de los gestores públicos ineptos. En Tenerife estamos acostumbrados al “silencio sonoro”, vergonzante, de instituciones, organizaciones, entidades o personas con relevancia social o económica, que no son capaces o no pueden, cada cual sabrá el por qué, o peor, no le dejan, reclamar lo que la isla requiere, anteponiendo sus intereses particularistas y egoístas, al beneficio generalizado de toda la sociedad. Les viene bien la sentencia de Francisco de Quevedo “el valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.”