Crisis migratoria en El Hierro, el desafío humanitario que preocupa en Canarias
Un amigo mío, que trabaja en el ejército y es un fiel lector de Sol del Sur, tiene una casa en la isla canaria de El Hierro. Confiesa que actualmente están experimentando una invasión apacible, pero constante. De acuerdo con sus palabras textuales, en este momento puede haber unas seis mil personas que han llegado en pateras o cayucos y se encuentran alojadas entre un instituto y un colegio, sin que se vislumbre una solución a este problema. El antiguo instituto ha sido transformado evidentemente en una suerte de alojamiento comunitario con cientos de literas, y los recursos disponibles están al límite. Una de las quejas es la escasez de alimentos para tres comidas al día, aunque realmente esto no se considera un problema grave, dado que muchas personas comen solo una o dos veces al día sin mayores inconvenientes.
Según nuestra fuente, se pueden ver grupos de treinta a cuarenta personas procedentes de África deambulando por varias partes de la isla de El Hierro, pasando largas horas jugando al fútbol. Sin embargo, llegará un momento en que se cansarán del fútbol y surgirá la inquietud. Se afirma con certeza que los individuos trasladados con mayor frecuencia a Tenerife o Gran Canaria son jóvenes marroquíes, quienes son considerados los más problemáticos, olvidando que muchos de ellos menores de diecisiete años, adquieren la mayoría de edad en cuestión de meses.
La repetición de comentarios como "Entran más por el aeropuerto que en cayucos" y las acusaciones de que incluso los italianos están invadiendo las Islas Canarias, junto con el temor de que los habitantes canarios tengan que recurrir a las pateras para salir de la isla, generan desgano y desesperanza en la población. Se observa en los medios de comunicación al actual presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo de Coalición Canaria, implorando asistencia, la cual parece ser ignorada. A su vez, el ex presidente socialista, Ángel Víctor, solo parece saber culpar al Partido Popular, perpetuando un ciclo de señalamientos que no lidera a una solución.
La sensación general es que este problema carece de una resolución clara, alimentando el miedo de que la isla de El Hierro se transforme en una suerte de centro de detención. Esta incertidumbre crea un ambiente de preocupación constante entre los habitantes. Terminamos aquí. Agradecemos este mensaje honesto de parte de todos los lectores. Le pedimos disculpas por cualquier posible inconveniente y agradecemos su atención.