La sordera de los políticos

Hola querido lector, espero que estés bien. A raíz de la información de que "El Ayuntamiento de Arona no permite a la Comunidad musulmana organizar una limpieza en El Fraile",compartimos las palabras del sicólogo de Sol del Sur... Si los representantes del Pueblo, son los políticos, entonces qué lleva a un Político a no prestar atención a un ciudadano o grupo de ciudadanos, a no querer atender una petición; que parece a todas luces, buena para la comunidad. Según la psicología del saber escuchar, los representantes públicos en el poder, manifiestan estos síntomas: Tener obstáculos fisiológicos, será por pasividad, por distracción, por el Espíritu Viajero, por obstáculos afectivos, falta de motivación, el instinto de réplica. (1) Si es por supuestos obstáculos fisiológicos, puede que sea por sordera política.

En la vida pública, una simple sordera parcial puede entorpecer mucho los intercambios de información, y hay que detenerla siempre en la medida de lo posible. Se le denomina sordera del político.

(2) La Pasividad, es una aptitud de muchos políticos, de desconectarse del entorno sonoro o visual (realidad que les rodea), para no percibir los sonidos (propuestas-solicitudes) por el oído o la vista, que debe guardarse en el cerebro, y que luego nos hará tomar conciencia de una situación o problema. Esta capacidad es muy importante para preservar “los sueños” del pueblo. Es útil cuando sigue una corriente activa. Y es nefasta cuando no expresa sino un desinterés pasivo. La aptitud de desconectarse de la realidad del entorno, se convierte en “la costumbre perezosa de aislarse en una Torre de Marfil”.

(3) La distracción. Una fatiga “exagerada”, por calor, frío, un rayo de sol que le da en los ojos, una silla poco confortable o muy confortable, todos los detalles del ambiente físico que les estorban. Muchas veces la distracción está provocada por detalles… Y aquí es donde entra la capacidad de concentración sobre un asunto, sin que ningún detalle accesorio pueda distraer al político. Que nada sea contrario a su dignidad como representante público, o que nunca note que le hacen sombra.

(4) Cuando un político oye (no escucha), tenemos la impresión de que su espíritu tiene tiempo para evadirse a cuenta de un asunto marginal (para él/ella). Si así lo hacen, es decir que tienen ese Espíritu viajero, deberían como mínimo, no tomar la palabra final del discurso para hacer ver que el orador (demandante) estaba equivocado.

(5) La pasión no permite la objetividad. Lo que yo defino la pantalla emocional. Oírse a sí mismos, que siempre es una mala actitud. Pero esto entraña automáticamente una tendencia a deformar casi todo, lo que se le dice o se le solicita, en función de lo que se esperan (me da o no rédito político).

(6) Falta de motivación. Sería la de reunir la energía necesaria para escuchar una demanda social. No es un hecho puramente intelectual como se cree a veces. No basta decirse, “lo que me están proponiendo es probablemente sensato y razonable; escuchemos con gusto”. Pero, por el contrario, la idea de escuchar una propuesta lógica, engendra inmediatamente una reacción de aburrimiento. Solo el deseo de entender abre el espíritu de escuchar lo que solicitan. Pero no siempre el político tiene ese deseo. Hay asuntos que les cautivan a la primera, y otras que les aburre de antemano. Hay interlocutores a los que les gusta oír y escuchar, y otros que les suscitan hostilidad, sin saber por qué. El político ha de aprender a superar la falta de ganas de escuchar: todo ciudadano tiene algo que enseñarle que puede ser importante. “Un hombre o mujer prudente puede aprender de un loco; ahora un loco no aprende jamás de un hombre o mujer prudente” (Proverbio). (

7) En el extremo opuesto a la falta de motivación hay un defecto, el del ciudadano que propone de manera tensa, sobre un asunto, que tiende a intervenir constantemente. En un grado moderado, este deseo de participación es excelente. Pero puede ser nefasto cuando es exagerado, incontrolable, cuando impide comprender lo que el político le quiere comunicar. En definitiva, no caben temperamentos agresivos, nada de precipitaciones, y un tono conciliador y amable, y buscar un cumplido antes de hacer la crítica, son tres reglas que permiten luchar contra los efectos perniciosos para llegar a un acuerdo.

(A continuación las palabras de Juan Francisco Reverón): A primera vista, considero que es una decisión desafortunada. Si existe un movimiento social, es lamentable que, bajo las rigurosas medidas de seguridad requeridas, se impida a los ciudadanos participar en una iniciativa solidaria para limpiar solares llenos de basura y desechos. Esta situación no solo crea una mala imagen de convivencia, sino que también puede convertirse en una fuente de infecciones.

Es evidente que esta responsabilidad recae en la administración, la cual debe encontrar los cauces legales necesarios para exigir a los propietarios la limpieza y el vallado de esos terrenos. La cuestión de los solares en Fraile, que dan a las vías públicas y son fácilmente accesibles debido a que no están vallados, es especialmente delicada, sobre todo porque niños y adultos pueden jugar en estos espacios llenos de desechos. Supongo que el ayuntamiento se niega a otorgar permisos porque legalmente no está facultado para hacerlo, ni puede actuar sin el consentimiento de los propietarios de los solares. Sin embargo, también es responsable de no actuar con la determinación necesaria para resolver este problema que afecta la convivencia de los vecinos del Fraile, así como los riesgos para la salud de los niños y residentes en la zona.

La inacción del ayuntamiento frente a esta situación ha llevado a los vecinos de Fraile a unirse en busca de soluciones.