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viernes, 21 de junio de 2024 14:45h.

Nombrar a la bicha: moratoria

Que Canarias tiene un limite, nadie lo discute. Que Tenerife y Gran Canaria están colapsadas, tampoco. Que no hay vivienda para tanta gente ni carretera para tanto coche, tampoco. Puestos así, nadie puede estar en desacuerdo con la manifestación del 20A en todas las islas canarias e incluso de canarios en otros lugares de Europa.

Otra cosa bien distinta es que esa manifestación se haya convertido, por algunos, en un ataque al turismo y al turista, a lo que representa nuestro principal sector económico y la única industria de Canarias. Lamentablemente hemos abandonado la industria – tabaco y conserveras – y nuestro campo – tomateras convertidas en cemento- para poner todos los huevos en una única cesta, el turismo. 

Pasamos de un turismo sanitario de nórdicos e ingleses a convertirnos en destino de sol y playa y desde los setenta no hemos hecho otra cosa que crecer y crecer. Abandonamos la guataca para coger la bandeja de camarero. Con la entrada en Europa recibimos ayudas para acercarnos más a ella, pero por mucho que se hablara de plataforma tricontinental, de industria tecnológica, de la ZEC, de...solo el turismo nos podía de sacar de pobre.

Nadie discute el progreso de Canarias y la incidencia del turismo para que así haya sido en el último medio siglo, pero llegados aquí, cabe recapacitar atendiendo a las palabras del alcalde de Adeje: “Si el turismo no nos sirve para mejorar la vida de nuestra gente, ¿para qué lo queremos?.

José Miguel Rodríguez Fraga tiene razón, pero él y otros han tenido la oportunidad, desde sus atalayas políticas, de adelantar las soluciones al problema que tiene hoy Canarias, y más concretamente las islas de Tenerife y Gran Canaria, la superpoblación y la falta de infraestructuras para soportar ese peso demográfico, del que también participa el turista, pero lejos de ser el culpable de manera directa, aunque sí indirecta, porque su presencia millonaria  - más de seis millones de turistas el año pasado en Tenerife- es un reclamo de trabajadores muchos de ellos venidos de Europa y Sudamérica, con el aumento del 20% de la población en lo que va de siglo. Un crecimiento de esas islas mayores, junto a Lanzarote y Fuerteventura en menor medida, que contrasta con la despoblación de las llamadas islas verdes (La Gomera, El Hierro y La Palma), convertidas poco menos que en grandes centros geriátricos.

¿Y cómo se cambia el modelo turístico? Ya me gustaría saber la repuesta, pero lo que es evidente es que, de menos turistas y más dinero, llevamos hablando décadas y nadie le ha puesto el cascabel al gato o nadie ha sabido o querido ponerlo en práctica. Sucede que como con la tasa turística, nunca es el momento.

Ahora, a raíz del 20A, ha vuelto a salir la necesidad de una ecotasa e incluso se ha abierto la ventana a una nueva moratoria, a semejanza de aquella que Román Rodríguez decretó en 2001 y no fue efectiva hasta 2003, que durante diez años paralizó, junto a la crisis de la construcción de 2008,  los proyectos hoteleros. Proyectos que luego se retomaron, pero a mucha menor medida de lo que ha crecido la vivienda vacacional. Pasamos del sostenible turismo rural a convertir pisos residenciales en las grandes capitales canarias y zonas turísticas en VV, expulsando a inquilinos de larga duración de esas zonas, distorsionando de tal manera el mercado que hoy resulta imposible conseguir un apartamento de dos habitaciones por menos de 1.000 o 1.200 euros, el 80% de lo que gana un camarero en Los Cristianos o Playa de las Américas. 

Mientras en cinco años las camas hoteleras han aumentado en 5.000, las viviendas vacacionales lo han hecho en 52.000. ¿De qué serviría entonces  una nueva moratoria, la bicha para los empresarios?

Y no nos engañemos, aquí los grandes responsables, son aquellos que han gestionado los gobiernos y cabildos en los últimos treinta años. Ya el PIOT, en Tenerife, recogía que no podía haber actividad turística en suelo residencial y al revés. Pero eso se lo han pasado literalmente por el forro. Solo basta ver Costa del Silencio o Los Cristianos.