18M ¡Viva el límite!

Lo de echarle la culpa a los demás es un gran alivio para nuestro averiado sentido de la responsabilidad. El mensaje “Canarias tiene un límite” se refiere a todas las islas, pero no se puede equiparar la situación en Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote o Fuerteventura con la que se vive en La Gomera, El Hierro, y no digamos La Palma, que ha sufrido un importante retroceso en la llegada de visitantes foráneos. Aún así, la protesta se radicalizará intencionada e inevitablemente. Ya han anunciado acciones directas. No descarten asedios a turistas y escraches en eventos relacionados con el sector, sin olvidar la quema de coches de algún rent a car o atentados eco terroristas en lugares donde se han iniciado las obras para el desarrollo de nuevos complejos hoteleros. La confusión al plantear las raíces del problema expresa un cabreo tan heterogéneo como falto de sentido estratégico.

Deberíamos tener todos bastante claro que la sociedad canaria se está transformando. Vivimos el trauma del crecimiento, sin que los gobiernos, cabildos y ayuntamientos que se han zampado nuestros votos durante, quizás, 25 años, hayan siquiera previsto, analizado, planificado, presupuestado y ejecutado las infraestructuras que sus innumerables asesores y expertos bien pagados, debieron establecer como prioridades para el futuro que ya alcanzó a este nuestro hoy teñido de sorprendente frustración.

Se llama gestión integral del territorio, pero en la manifa, ¡ah! malditos turistas que no nos dejan acceder a la vivienda que nunca se construyó ni a los trenes que un día soñamos. ¡Oh! inmigrantes que vienen de fuera como nuevos godos a quitarnos el trabajo que no queremos. ¡Eh! venden nuestras islas y por eso las mujeres canarias no quieren tener hijos. ¡Uh! no cabemos, no compramos coches, no generamos basura, no somos turistas cuando viajamos.  Conocemos el límite porque lo practicamos a conciencia. ¡Viva el límite!