Adamuz y el estercolero nacional

 

La utilización política de una tragedia es una constante en el basurero mediático. Se hizo de modo infame tras las inundaciones de la Dana en Valencia, incluso cuando ya habían pasado varios meses desde que las labores de limpieza devolviesen a las localidades afectadas una imagen parecida a su estado anterior. Lejos de parar, continuaba la producción a gran escala de otra clase de fango fabricado por la máquina propagandística de la que se quejaba Sánchez como si fuera una mierda exclusiva de las malvadas derechas y ultraderechas. 

 

Pasa con los incendios en verano, sean accidentales o provocados, eso da igual, como también ocurre con cualquier catástrofe natural a la que enseguida se le buscan culpables y beneficiados.

Toda esta manipulación da asco y vergüenza, la absoluta ausencia de escrúpulos por parte de los profesionales de la indignidad que juegan al oportunismo ruin con la sangre aún caliente de los muertos y desaparecidos, que hacen negocio con las lágrimas y la desesperación de los familiares, que excitan al público sediento de morbo y ávido de linchamientos ejemplarizantes.

Se abren vías de investigación mientras todólogos de variado pelaje hacen su particular agosto en tertulias hechas para sodomizarnos el cerebro. Cunden el desconcierto, la confusión y la rabia, clásicos agitados en el cóctel del buen español criticón y quejica, para que los damnificados y las personas que han perdido a su pareja, a sus padres, a sus hijos o a sus amigos, comprueben hasta que punto llega la falta de respeto por su dolor. Vidas truncadas que tardarán en recuperarse de la desgracia o no podrán superar nunca ese trauma, reciben el añadido de la humillación al verse a sí mismos convertidos en objetos que se arrojan de un lado a otro para conseguir réditos políticos.

Conspiranoias, falsedades, desinformación, periodistas mercenarios, aquí vale lo que sea con tal de traducir heridos y fallecidos en votos gracias a publicaciones de relatos pagados y redistribuidos por fanáticos seguidores de verdades alérgicas a la verdad contrastada.

Este es el espectáculo de los trenes descarrilados, las vías rotas, las emociones prostituidas y las preguntas con respuesta incorporada, las que mienten a sabiendas, asesinan la razón y esparcen el rastro humeante del gran estercolero nacional con capital provisional en Adamuz, Córdoba.