Aragón, la segunda en el pecho

Ni siquiera una candidata de cierto caché como Pilar Alegría ha sido capaz de parar la debacle del PSOE que ha repetido su mínimo histórico en Aragón con 18 diputados. La ex ministra quemada por Sánchez se prestó a ser candidata en su tierra y lo primero que se le ha ocurrido decir después de su estrepitosa derrota es que el PP es más rehén de VOX que antes. De eso no cabe duda, pero si hay que hablar de rehenes con síndrome de Estocolmo, nadie tan necesitado de psicoanalisis como las víctimas del socialismo secuestrado por el tahúr de la Moncloa.

Aragón es la secuela de Extremadura, una segunda parte que ofrece la misma lectura, con el Partido Popular y su líder, Jorge Azcón, encantados de haberse conocido, aunque bajen dos diputados porque lo único que les importa -en secreto tiemblan ante el ascenso de VOX- es que el PSOE se hunda. Derecha y ultraderecha están llamadas a llevar estos ensayos territoriales, que se suceden en una especie de caucus de la derecha, como bien apunta Iván Redondo en La Vanguardia, hasta la meta fijada en la apoteosis de las elecciones generales en julio de 2027.

Falta por saber si Feijóo y Abascal sabrán pactar una agenda política entre dos formaciones que tienen menos en común de lo que a muchos votantes les gustaría. En el lado contrario del mismo círculo, la crisis de identidad de las derechas resuena en la familia desestructurada de las izquierdas, cuyo particular conflicto concluye en un reagrupamiento de parte del voto que se transfiere desde el PSOE a la Chunta Aragonesista (CHA) que dobla su número de diputados y deja a Podemos sin representación en las Cortes después de haber llegado a tener 14 diputados en 2015.

La España despoblada de Teruel existe se niega a desaparecer y sus dos orgullosos escaños se completan con el único y solitario de Izquierda Unida. Tras propinar la primera en la frente en Extremadura, los 14 diputados de VOX le asestan la segunda en el pecho al bipartidismo, que ve correr el tiempo en su contra, con el tardosanchismo entregado a la tarea suicida de hacer grande a VOX.

No es de extrañar que un político inteligente como Gabriel Rufián haga un intento desesperado por liderar una casi imposible plataforma unificada de izquierdas. Su nueva máxima es salvar España o morir como catalanes indepes. Hay que ver, las vueltas de la vida.