La Constitución no tiene quien le escriba

 

Según ha publicado el diario El Mundo, el 52% de los españoles ya no cree válida la Constitución y su nivel de aprobación desciende 10 puntos. La Carta Magna acaba de celebrar un cumpleaños amargo, el 47 aniversario del documento que simboliza lo que muchos consideran como algo viejuno y desfasado. 

 

El régimen del 78 pasa por su momento más bajo, al igual que la democracia, el sistema representativo de las libertades bajo el que cada vez menos gente se siente libre ni representada.

Y esto no se debe solamente a la creciente simpatía por la ultraderecha, o al tradicional rechazo que suscita en los caladeros nacionalistas, como consagración de la unidad indisoluble del Estado español. El fenómeno se ha vuelto transversal, y hasta los que aún se inclinan por opciones más moderadas y navegan en el centro político, han pasado de respetar el texto constitucional como tótem y guía, a opinar que ya no sirve y que tiene que ser reformado en profundidad.

Este giro radical conecta con el signo de un tiempo saturado de ruido y confusión. La incertidumbre constante destroza la confianza en la estructura del árbol institucional en el que creíamos aún sabiendo que presentaba ciertas grietas. Ahora, todo lo ocupa la ancha grieta del descreimiento, y lo que antes era desapego de la ciudadanía aburrida y asqueada, pasa al deseo instalado de venganza de un sistema podrido por la alternancia de PP y PSOE en el poder.

Esa es la conclusión que podemos extraer cuando los encuestados responden con un sonoro NO a la vigencia de la Constitución, un gigantesco NO a la corrupción sistémica y un monstruoso y galopante SÍ a la impugnación del orden democrático actual.

Un demoledor e imparable SÍ al nacimiento de nuevas palabras escritas por los padres político intelectuales de un proceso destituyente que declare inconstitucional a la que no tiene a nadie que le quiera ni escribir.