Corazón empadronado
Las murgas son como esa hemorroide que siempre está ahí, aunque la notes solo un par de veces al año. Después de horas y horas de duros ensayos, el resultado no pasa de mediocre porque la creatividad de las letras establece su propio techo. Con el patrocinio de empresas foráneas muy interesadas en poner pasta para publicitarse en nuestra fiesta más internacional, se abre la veda para la exaltación lacrimógena de la identidad canaria.
El carnaval, convertido en producto para consumo de masas, polo atractor de visitantes y pesebre de votos para las administraciones, deviene en una instrumentalización del sentido de pertenencia al país que el canario imagina como patria interior.
Pero la realidad es otra, por mucho que se empeñen las murgas en el centro de esta ilusión colectiva, porque la esencia carnavalera ha sustituido su sentido transgresor por un cliché previsible con exceso de purpurina. Nuestro carnaval se alejó de la imaginación para servir de excusa a una industria que mueve dinero y la gala de elección de la reina es un tostón que copia y pega sus rituales de show televisado.
En medio, palpita la novelería de un pueblo que utiliza el carnaval como otra vía de escapismo para enarbolar un orgullo identitario que hace aguas por todos lados. Y en estas, una murga, otra vez las murgas, una vez perdido el sentido crítico, pero, sobre todo, el autocrítico, saca a una señora que reivindica el significado de ser canario, el potaje de nuestras abuelas, el subir a la cumbre a pisar escarcha, el corazón que no se empadrona, y en un sollozo contenido, la felicidad de volver a la tierra que es profundamente nuestra.
Vaya, yo la acompaño en su emoción, pero en lo que se refiere a empadronados, tenemos un descenso importante de corazones canarios puros, la natalidad no para de bajar y el aumento poblacional protagonizado por la llegada de inmigrantes no es exclusivo de los municipios turísticos, sino que ya se observa en zonas metropolitanas.
Entonces, a mis antaño admiradas murgas, les digo que aparte de producirme este estreñimiento esporádico, hagan un examen de conciencia carnavalera y de paso, sepamos que para empadronarse no hace falta hacer un examen de canariedad, ni falta que hace.