El amigo marroquí
Fernando Clavijo, cansado de ser la pelota de ping pong con la que juegan Europa y África otro de sus peculiares partidos, decidió bajarse al moro, aunque desde Canarias sería subir solo 800 km., para visitar a nuestros aún muy desconocidos vecinos marroquíes y tratar de negociar algo. Y ese algo se llama reconocer o “asumir” en palabras de Clavijo, la política exterior sanchista respecto a la inclusión del Sáhara como una provincia del reino alauí, a cambio de que frenen la salida de cayucos desde sus costas y nos dejen devolverles todas las pelotas de ping pong que consiguen llegar vivas a este lado de la mesa de juego. Sobre el océano, nuestro gran tablero deportivo, Canarias quiere ser raqueta ganadora y no esa pequeña y frágil red llena de agujeritos que no se parece en nada a una valla alta con pinchos como Dios manda.
Según el ministro Torres, que también es pelota, aunque no lo sepa, toda la culpa es del PP que tiene mala fe y además se dedica a aprobar leyes en el Congreso sin leerlas primero. El estrechísimo margen de Clavijo para llegar a acuerdos que le permitan ascender a la categoría de jugador con raqueta profesional no impide que su encomiable esfuerzo haya emocionado incluso al Papa, un jugador distinto porque es uno y trino, es decir, raqueta, pelota y red en su ser mismo, aunque nadie lo entienda. La mejor noticia es que nuestro nuevo amigo marroquí le ha dado la mano a Clavijo, y con su sonrisa sincera ha celebrado los estrechos lazos que unen a Canarias con Mohamed VI. En medio del eufórico brindis con té moruno, han avanzado una propuesta informal para que Canarias considere cambiar su estatus de jugador suplente español y fiche por la selección nacional marroquí de ping pong.