El fango era esto
De vez en cuando, la madre Naturaleza viene a ponernos en nuestro sitio. Si, a ustedes y a mí, a los bichos vivientes que andamos erguidos y con pinta de seres superiores. A la Naturaleza eso le da igual, no nos debe nada, si acaso somos nosotros los que estamos en deuda con la Tierra que nos acoge a pesar de que actuamos como si fuésemos los dueños del suelo que pisamos. A la vida, suponiendo que la vida sea un sujeto consciente, también le traemos sin cuidado, no le importa la fecha de nuestro nacimiento ni el día que morimos. Para resumir, somos producto del azar y resultado del proceso evolutivo.
En este momento de miedo y desesperación, aparece lo mejor y lo peor de la condición humana y solo cuando nos sentimos frágiles, caen los disfraces que vestimos habitualmente y desnudamos nuestras emociones sin importar tanto lo que puedan pensar los demás.
Luego están los políticos de todo pelaje, superados por la situación y al fin sabedores, después de los escarceos iniciales y sus vanos intentos por sacar rédito de la desgracia, que la gente no esta por la labor de tolerar mas tonterías. Hablamos de falta de alimentos y de agua, de miles de desaparecidos y de una reacción tardía por parte de las administraciones en un país que presume de magníficos indicadores económicos.
Es probable que Sánchez no vuelva a utilizar el recurso de la máquina del fango, que ahora suena a dolorosa metáfora del barrizal en el que han convertido el Congreso envenenando la convivencia y cortando de cuajo cualquier atisbo de decencia.
Viendo las imágenes de la solidaridad en un clima de conmoción general, pienso que la esperanza de evitar que sigamos destruyendo el futuro es directamente proporcional a nuestra enfermiza capacidad para repetir los mismos errores.