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jueves, 20 de junio de 2024 21:55h.

Euro Alvise y la politica enana

El tardo sanchismo se nos hará largo. Esa es la conclusión de la segunda misiva que nos ha obsequiado Pedro, paradigma del hombre común asediado por la máquina del fango – uno se imagina la Moncloa enterrada en lodo- y a su mujer Begoña, mujer del montón y lógica víctima propiciatoria. Escribir esta carta – como la anterior- y publicarla en las redes sociales no es propio de un presidente del gobierno, como tampoco lo son las inmediatas reacciones de los que habitan en el zoológico de la política actual. 

Son caricaturas de sí mismos y caricaturizan cualquier cosa que era digna de algún respeto -la justicia, por ejemplo-.  La respuesta a este espectáculo degradante por parte del electorado indeciso y asqueado, se llama Alvise Pérez y su supuesto partido “Se acabo la fiesta”.

Iván Redondo, asesor de campañas socialistas, columnista habitual en La Vanguardia y cercano a Sánchez, lo llama “OPNI” (Objeto Político No Identificado) para restarle importancia, pero yo creo que, más allá del recorrido que tenga este oportunista “anti sistema”, su irrupción tiene bastante de novedosa y mucho de preocupante. Un tipo sin programa y con un discurso carente de una mínima pincelada de su visión sobre Europa. Y lo peor es que no le hace falta tener ideas, nadie necesita argumentos ni explicaciones salvo la cháchara de tertuliano provocador que exhibe Alvise.

Su conexión con el hartazgo general se produce de forma natural, y nos encanta escuchar que alguien pueda destruir el tinglado desde dentro. Porque el tinglado son todos, los que suelen alternarse como comparsas del poder, PP y PSOE, pero también los nuevos, VoX, Sumar, Podemos y, en definitiva, cualquier organización que parasita las instituciones y se retroalimenta de un ecosistema diseñado para vivir de las asignaciones económicas, es decir, de nosotros.

El cáncer del Estado, los separatismos, la amenaza de la inmigración y otras hierbas mete miedo, modelan el liberal populismo del me gusta, pues igual lo voy a votar, al menos dice algo distinto. La acelerada disminución de la estatura política nos aboca a un país -y a una Europa- de encantadores enanos mentales.