El impacto de la guerra en Canarias

La escalada de la guerra en Irán apunta a un shock en los mercados energéticos de hidrocarburos y al desplazamiento de las rutas comerciales marítimas, un hecho que puede beneficiar a Canarias junto con el aumento en el número de cruceros y del flujo turístico en un destino “refugio”. Sin embargo, las consecuencias de una generalización del conflicto podrían acarrear un aumento sostenido en el precio de los combustibles y el traslado de ese incremento a las tarifas aéreas, además de la carestía en la cesta de la compra en una región que, descontando a una minoría, apenas llega a fin de mes, con el añadido de una extrema y sistémica dependencia del exterior.

En el peor de los escenarios, a lo anterior le seguiría un hipotético desabastecimiento de productos básicos, con especial incidencia en el suministro de alimentos y medicinas. Todo dependerá del tiempo que dure la guerra y las secuelas derivadas de una desestabilización prolongada en Oriente Medio y del efecto contagio en la economía global.

Los mercados financieros reaccionan negativamente cuando hay un alto grado de incertidumbre y Canarias debe prepararse para afrontar una crisis que puede pasar de largo, incluso regalarnos a corto plazo mayores ingresos en los puertos y sector turístico, o justo lo contrario, con una situación de caos impredecible en un espacio geográfico tan fragmentado y aislado como el nuestro. En otras palabras, lo que nos hace diferentes es bueno y malo en un territorio singular y muy vulnerable por su desconexión de las comunicaciones terrestres. Vivimos en un mundo cada vez más acelerado en el que la información en tiempo real está contaminada por la posverdad, con imágenes y vídeos generados por la omnipresente inteligencia artificial que influyen directamente en las decisiones apresuradas que toman gobiernos y consumidores. Y en este contexto, el miedo es el arma más poderosa a la hora de crear opinión sobre si viajar a la ultraperiferia europea es seguro o inseguro.

Cabe desear que el Gobierno de Canarias interiorice la gravedad de lo que ocurre y prevea un plan integral de contingencia al que se sumen todas las fuerzas políticas y los agentes sociales. Somos ocho formaciones volcánicas flotando en medio del océano y estamos solos, a la intemperie, y vendría bien que nuestros 2,27 millones de habitantes sepan que, como dice la sabiduría popular, las vacas gordas de la desigual abundancia podrían volverse flacas de hambre por obra y gracia de la volátil geopolítica internacional.