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lunes, 22 de abril de 2024 23:24h.

El meteorito que viene

Andaban tan tranquilos los dinosaurios en la cúspide la cadena alimenticia y ajenos a la cercanía del meteorito, que se extinguieron como poderosos incapaces de entender lo que ocurría. En estos momentos, hay una tropa de programadores frikis que desarrollan la inteligencia artificial con la responsabilidad de diseñar no ya el futuro, sino el rabioso presente de la humanidad.

 El drástico cambio en las condiciones de vida que supuso el impacto de una roca gigante en la superficie terrestre no anda muy lejos de la transformación que va a provocar la creación de estos doctores Frankenstein del siglo XXI. A pesar de las estrictas cláusulas de confidencialidad que habrán firmado, se ha producido una filtración, quizás de forma intencionada, tras el curioso despido y readmisión de Sam Altman, el principal gurú de una tecnología que probablemente ya ha superado al cerebro humano.

En el centro de la discusión hay dos bandos, por decirlo así, que opinan distinto sobre la amenaza que supone una superinteligencia pensante que incluso llegase a ser sintiente. Unos abogan por la destrucción de lo que están haciendo sus empresas, tal y como ocurría en la saga Terminator, el soldado-máquina que venía del futuro a eliminar al científico que descubrió lo que sería el origen de la rebelión de los robots y su propia existencia.

Otros creen que no será para tanto y que pueden capar las habilidades de sistemas no conscientes de sí mismos que siempre obedecerán las instrucciones de uso para las que han sido entrenados. A mí se me dispara la imaginación al recordar todas las películas de ciencia ficción que he disfrutado, desde Blade Runner hasta Matrix.

Creo que la IA curará el cáncer y nos suplantará en muchas tareas rutinarias. Pero al mismo tiempo soy un dinosaurio que no sabe cuándo ni por dónde viene el meteorito.