No a la guerra
La política es lo que pasa mientras hacías otros planes. Adapto esta célebre frase de John Lennon sobre nuestra incapacidad para controlar las sorpresas que nos depara la vida en contra de lo que habíamos previsto y sustituyo vida por política. Al fin y al cabo, la política atraviesa todo lo que hacemos así que podemos considerar vida y política como sinónimos.
Y una de esas lecciones de la política -y de la vida- acaba de manifestarse en forma de declaración institucional de nuestro presidente resistente. Hasta los enemigos más acérrimos de Sánchez tendrán que reconocer la astucia y el sentido de la oportunidad que adornan la carrera de un tahúr de la política sin parangón en la breve historia de la democracia española.
Esta es una de esas piruetas que cambian el marco de conversación y trastocan los cálculos de los analistas. Andábamos pendientes de que el binomio PP-Vox certificase su senda de crecimiento, una vez asumida la normalización de la ultraderecha y con la inquietud por saber cuál será su techo electoral, y de repente, la actualidad internacional se ha comido de golpe y porrazo las principales preocupaciones de la ciudadanía.
Ante los micrófonos, Sánchez nos ha llevado a experimentar un déjà vu en toda regla, al rescatar cuatro palabras que fueron grito de la izquierda y arma de construcción masiva de votos cuando se inició la infausta guerra de Bush Jr., Blair y Aznar en Irak. La historia vuelve a rimar y la comparecencia de Zapatero en el Senado por su participación en el affaire de la compañía Plus Ultra queda eclipsada, igual que la votación del gobierno de Guardiola en Extremadura, y los pim pam pum diarios entre Ayuso y sus enemigos reales o inventados, por la rotundidad de ese NO A LA GUERRA invocado frente a la agresividad de Trump.
Así se resume un cambio de tercio, expresión que proviene de la tauromaquia, y que implica pasar a un asunto de orden superior. Una vez más, Sánchez ha tomado la delantera, como el único líder europeo que se niega públicamente a bajar la cabeza y obedecer a la bestia confusa que quiere un mundo al servicio de su propio caos. Del grado en que nos afecte en términos económicos y sociales la extensión de esta guerra y de la gravedad de sus consecuencias, dependerá que el curso político tome unos derroteros muy diferentes a los que esperábamos.
El tardosanchismo podría subirse al caballo de un neo sanchismo integrador de unidad nacional, olvidada la corrupción patria por irrelevante, en aras de una épica moral en oposición férrea al terror de las bombas.