Nos necesitamos como el comer

Nos necesitamos como el comer. Este es el lema que cierra el vídeo con el que la empresa Campofrío culmina su mensaje navideño. La intención de los publicistas de identificar a la marca de productos cárnicos con el rescate de unos valores en desuso, implica reconocer que nuestra sociedad ha roto los lazos de la convivencia. 

 

Lo que sucede en el mundo es el reflejo de nuestro modo de comportarnos a nivel doméstico. El sistema que construimos con nuestros pensamientos y que determina nuestras acciones, ahonda la brecha de la división y el enfrentamiento. La ansiedad corre velozmente y nuestros hábitos individualistas generan un vacío del que pretendemos salir echándole la culpa al enemigo que inventamos para poder destruirlo.

El llamamiento a la concordia entre diferentes es un acto de buenismo que muere en el segundo siguiente, aplastado por el tsunami de información negativa que inunda los medios de comunicación. La conversación ha desaparecido de la escena democrática, el debate sustituido por la pelea constante. Se lanzan opiniones como dardos irreflexivos que no se basan en argumentos sólidos sino en la retórica populista de uno u otro signo.

La cara del fascismo es la que vemos cuando nos miramos al espejo y nuestro lenguaje está lleno de palabras con las que cavamos nuestra particular trinchera. Desarrollamos la cultura de la cancelación que no quiere escuchar y se encierra detrás de un cómodo muro de incomprensión.

Somos los únicos seres vivos capaces de hacer crecer la crispación y de dedicarnos insultos sin límite, mientras nos deseamos Feliz Navidad. Y es que nos necesitamos como dicen en el anuncio publicitario, porque si no nos tuviésemos, no quedaría nadie a quien odiar, nadie a quien amar.